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La espiritualidad y la religión, si bien tienen relación una con la otra, se refieren a dos cosas distintas. El primer concepto apunta a la noción de trascendencia, a la sensación de estar conectado con un ser, una fuerza, el cosmos -algo- que va mas allá de nosotros, del tiempo y del espacio. El segundo, la religión, se refiere a las formas concretas que los seres humanos han encontrado para establecer esta conexión.

Lo espiritual es, entonces, un concepto muy amplio referido al estado sentido de ser uno con el todo, por eso esta sensación puede irrumpir cuando estamos frente a una puesta de sol o durante una relación sexual. (En la psicología humanista, a estos instantes se le llaman momentos pico o experiencias cumbre.)

La religión, en cambio, es un sistema estructurado compuesto por:

  • Una doctrina o fe (las creencias profesadas) y
  • Los rituales (actividades rígidas y cargadas de simbolismo que ponen en escena esas creencias).

Hecha esta distinción, puede apreciarse que la religión, como práctica, es un invento humano, producto de la necesidad espiritual. Por eso existen diferentes religiones, porque en diversos momentos de la historia se hicieron intentos colectivos por organizar un medio para alcanzar la totalidad. En el caso del cristianismo, por ejemplo, la institucionalización es el resultado de siglos de trabajo difundiendo el pensamiento de Cristo, con el impulso dado por la conversión de Constantino el grande (c. 274-337) y, por supuesto, los esfuerzos de la Santa Inquisición al eliminar cualquier forma de disidencia pública.

En resumen, lo espiritual es la búsqueda de la unidad con la totalidad; la religión, un medio por el que buscamos esta comunión.  Puesto en términos sencillos, cada religión es un combo que aspira a ser el único comprado en el gran mercado de las religiones. Esta es la dimensión política de la religión, algo de lo que no les gusta hablar a los que están dentro de estos sistemas. Por supuesto, debido a que quien muestra la fuente de su poder, necesariamente empieza a compartirla.

Así que, desde la perspectiva de la espiritualidad, podemos decir que la religión tiene mucho de grano pero, también, mucho de paja.

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