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La homofobia se ha popularizado como el modo de referirse a la estigmatización y discriminación de los gays (con sus equivalentes lesbofobia y transfobia). Como ya lo han indicado algunos autores, el término es desafortunado porque no es muy claro acerca de lo que en realidad significa. Alguien con una fobia siente miedo y se aleja del objeto de la fobia. Sin embargo, una persona con homofobia siente odio por los gays y, lejos de huir, busca las maneras de acercarse y agredirnos. Esta agresión puede ser:

  • Encubierta, como cuando unos padres “no ven” que su hijo es diferente;
  • Puede ser de baja intensidad, cuando los compañeros de clase hacen chistes usando al “rarito” del salón, por ejemplo;
  • También puede ser extrema, en casos como el de las pandillas que se organizan para golpear a batazos a los gays; el caso mas fuerte lo tenemos en esta cruzada personal de Benedicto XVI contra las uniones del mismo sexo y las operaciones para l@s trans. Como se ve en cada situación, hay un esfuerzo deliberado por obligarnos a ser como ellos necesitan que seamos. Coloco al Papa como el ejemplo mas grave porque esta usando su posición estratégica como el católico mas poderoso del mundo para sembrar el odio hacia nosotros. Es lamentable que Dios se use como fachada para esta guerra política. Una pandilla puede matar a un gay, pero Joseph Ratzinger esta haciendo daño a todos los miembros de las minorías sexuales del mundo. Además, es muy probable que mas de un adolescente se haya suicidado por los efectos de sus acciones.

Para hacer frente a esto, lo que quiero proponer es algo que, hasta donde se, es novedoso. Todos señalan el problema puntual de la homofobia -el rechazo, el odio, la división-, sin que se muestre el proceso en el cual estas diferencias se insertan. Si has leído la sección La fuerza LGBT de este blog, te darás cuenta que, en medio siglo, muchas cosas han cambiado. Lo que nuestros abuelos daban por sentado, no es lo mismo que lo que suponen nuestros padres, que es diferente de lo que nosotros pensamos. Grandes cambios y brechas generacionales; en una palabra, un proceso de duelo. Nuestras imágenes del mundo deben cambiar, porque el mundo como tal va cambiando. Sin embargo, y esta es una característica de los humanos, nos aferramos a nuestras ideas, y creemos que es mas fácil forzar al mundo a que siga nuestro mapa, antes que ajustar el mapa para que refleje el terreno que, se supone, representa. Tú mismo lo habrás vivido; pensabas que serías heterosexual, pero cuando tu cuerpo te mostró lo contrario, seguramente pensaste que tus ideas, tu imagen de tí, era lo que tenía mas peso. Por eso salir del closet es un duelo, aceptas que tu cuerpo tiene razón y vas actualizando esa imagen de tí mismo; cambias tu visión y, con eso, te sientes mejor.

La sociedad también tiene que salir del closet pues, desde los años 50 la realidad social nos muestra, por nombrar algunas transformaciones, que:

  • Con los derechos de las mujeres y la píldora anticonceptiva, estamos pasando a ser una sociedad que valora el placer antes que la reproducción. No, el sexo no es sólo reproductivo y no es obligación de todos tener hijos. Además, ¿acaso no sabes que el mundo esta superpoblado y que, a nivel mundial, enfrentamos la peor escasez de agua y alimentos? Imagina que todos tuvieramos descendencia, ¡sería un desastre para la creación!
  • Nuestra comprensión de los derechos humanos nos hace reconocer que TODOS tenemos derechos, más allá de las diferencias.
  • El desarrollo tecnológico nos ofrece la posibilidad de superar muchas situaciones que antes eran inimaginables.

Así, todos tenemos que aprender grandes y dolorosas lecciones. Este proceso pasa, tal y como lo afirman los expertos, por varias fases:

  1. Negación: “no, no ha habido cambios”
  2. Negociación: “si rezamos, todo sera como antes”
  3. Ira: “los gays tienen la culpa de esto, hay que luchar contra ellos”
  4. Depresión: “es cierto, es duro de aceptar, pero así es, vivimos en una nueva situación”
  5. Aceptación: “hay espacio para todos, incluso con las diferencias en estilos de vida”

Como ves, la homofobia es la expresión de la rabia frente a los grandes cambios sociales que vivimos. Cada uno de nosotros tiene tiempos distintos, de manera que encontrarás gente a lo largo de todas estas fases. Ya sabes donde están los homofobos.

Con esta nueva forma de ver a la homofobia, se abre el camino a la intervención comunitaria. De lo que se trata, en definitiva, es de ayudar a los homofobicos a transitar su duelo. Especificamente:

  • Que los adolescentes, confrontados por sus necesidades sexuales, acepten que esto simplemente ocurre como parte de su crecimiento.
  • Que los padres, familiares, maestros y amigos puedan tratar con estas diferencias.
  • Que Benedicto entienda que en esta aldea global hay muchas visiones del mundo y que la sociedad se rige por una estructura que va mas allá de algunas creencias cristianas, porque no se puede dar privilegios a una mitología por encima de las otras; todas se encuentran al mismo nivel y merecen el mismo respeto. Lo que los católicos dan por sentado no es lo que el universo debe aceptar. Sus creencias tienen un límite y deben quedarse allí (la libertad de uno termina donde empieza la libertad de los demás, dicen por ahí).

Quien lo diría, ellos que se sienten en la razón y que pretenden colocarnos en el lugar de víctimas, cuando la realidad es que ellos estan de duelo y necesitan apoyo para superarlo.

Para finalizar me gustaría recordar que los duelos son procesos dolorosos, pero nosotros podemos hacer que este tránsito sea mas leve.

Paz y convivencia para todos en este 2009 que comienza. Amén.

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