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(A propósito de esta noticia)

Yo mismo he logrado esa hazaña. Era un adulto que consultaba por su obsesión con los penes ajenos. Se iba a los baños públicos, los tocaba, se los metía en la boca… En el curso de la terapia fue descubriendo que este era su intento por sanar ciertas heridas sexuales del pasado; un “retorno de lo reprimido” de acuerdo a los freudianos. Así que, como siempre, lo apoyé en el camino de autoaceptarse y, voilà, se le quitó esa obsesión y pudo seguir adelante con una vida heterosexual “normal” (lo que sea que esta nefasta palabra signifique. Me refiero al termino ‘normal’, por si acaso).

En 10 años ejerciendo en consulta individual, llegando a tener un promedio de 30 consultas por semana, donde mas de la mitad eran con minorías sexuales, es el único caso que encontré. En la literatura de la psicoterapia, Milton Erickson narra un caso similar. Mi colega venezolano, Jesús Miguel Martínez, en su libro Amores que Duran muestra otro igual. Estoy seguro que Jesús Miguel puede confirmar que, por ese caso, tiene cientos de otros muy distintos, donde los homosexuales llegan a ser felices homosexuales y, como dicen los consteladores familiares, los mejores homosexuales del mundo.

Ninguno de nosotros gritó aleluya, ni salió corriendo a los medios a decir que curamos homosexuales, mucho menos escribimos una canción para San Remo como parte de una cruzada por secar canoas. Al contrario, los terapeutas cobramos honorarios y seguimos trabajando, no para confirmar leyes inventadas, sino para ayudar a las personas, de cualquier orientación sexual, a manejar su malestar.

Entonces, ¿cómo se come todo esto? Bueno, lean bien mis palabras: la homosexualidad puede transformarse en heterosexualidad (y viceversa). Esto es diferente a decir esa gran burrada segun la cual un gay puede dejar de serlo. Las investigaciones demuestran continuamente que ninguna intervención logra incidir sobre la orientación sexual de manera fiable, mucho menos estable. Claro, con torturas mediante choques eléctricos y lavados de cerebro con lo mas oxidado del psicoanálisis podemos lograr que la gente haga cosas insólitas, pero ese es un tema distinto.

A estas alturas, lo que debe quedarnos claro es que solo 1 de cada 25 personas que se someten a tratamientos de conversión se “curarán” (4%), mientras 9% seguirán siendo homosexuales que logran controlar las ganas (tal y como lo propone la Iglesia Católica en su pastoral para el cuidado de los homosexuales. Escrito está: la ciencia no te apoya Benedicto). Este “éxito percibido” se logra haciendo algo llamado “Gerencia de la Conducta Homosexual” (Homosexual Behavioral Management o HBM), lo cual es, básicamente, mantenerse alejado de cualquier “tentación”. Por eso, los “convertidos” necesitan emprender la lucha, no sea cosa de salir a la calle y perder todo lo que han “logrado”. Destaquemos que 87% de los que lo intentan sienten haber fracado. De este grupo, 10% se recupera del abuso y supera el sufrimiento pero 77% resulta con severos daños emocionales. Son, hablando con rigor, víctimas de un ejercicio de poder que resulta iatrogénico.

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La lección es no empujen el río que fluye solo, y no intenten cambiar su curso a la fuerza porque se desbordará y acabará con todo.

Para finalizar insistamos en que las minorías sexuales luchan porque se les cierra el espacio social, se violan sus derechos humanos y se busca su exterminio. La proclama de los ex-gays es distinta. Necesitan toda esa publicidad para convencerse a sí mismos de que estan haciendo lo correcto, de que pueden mantenerse pegados a esa identidad ficticia por la que han pagado. Ellos necesitan eliminar sus tentaciones del mundo y quieren que seamos co-dependientes de su obsesión por dejar de ser gays. Los 3 casos reseñados al principio -1 de Erickson, 1 de Jesús Miguel Martínez y 1 mío -, de seguro, no tienen esa necesidad. Han salido de su problema.  Los “ex-gays” en cambio, no solo no lo han resuelto, sino que se dedican a cultivar esa gran cortina de humo -la promocion del Ministerio de los Exgays- pues los ayuda a negar que, de lo que sufren, es de homofobia internalizada.

Los datos se han tomado de:

Shidlo, A. y Schroeder, M. (2002). Changing sexual orientation: a consumers’ report. Professional psychology: research and practice, 33, 3, 249-259.

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