violet-wand

Un antiguo aparato, la "vara violeta" (violet wand) emite descargas que van desde el cosquilleo hasta una sensación de cortada. Originalmente un aparato "científico", es hoy por hoy un juguete sexual.

A Val, curiosa ante los placeres refinados.

Si algo tenemos los seres humanos es que estamos alienados de la naturaleza. Esto es, tenemos que escribir nuestro propio “manual de uso” porque no tenemos un guión biológico como el de los animales. Por eso, inventamos tanto; no tomamos agua directamente del río, sino que hacemos tuberías, vasos, refrigeradores, hielo y pensamos que hay modos “correctos” de tomar agua. Lo mismo pasa con el sexo. No tenemos períodos de celo, sino que inventamos toda una cultura alrededor de la estimulación sexual.

Entonces, los juguetes sexuales vienen a ser extensiones de nuestras manos; maneras refinadas de estimularnos y comunicarnos. No solo acariciamos, sino que existen guantes vibradores. No solo queremos sentir el tacto, sino nuevas sensaciones; de allí que algunos experimenten con cubiertos, herramientas, collares eléctricos para perros, látigos… Son solo modos de encontrar nuevos placeres. ¿Qué más podemos hacer? ¡Somos humanos!

La facilitadora que conseguí lo sabe muy bien. Lo primero que hizo fue abrir sus maletas y poner frente a nosotros cualquier cantidad de cosas; diversos materiales, formas y colores. Los fue pasando y dijo “vean, toquen, huelan. Exploren y hagan preguntas”. Entre los asistentes había, también, de todo, desde “expertos” que decían “¿solo trajiste esto?”, hasta gente que abría los ojos, intrigada, preguntando con temor a la respuesta, “¿cómo se usa esto?”. Las grandes recomendaciones que surgieron:

 

  1. Usar objetos lisos. El acero quirúrgico y el vidrio son ideales, siempre y cuando tengan formas anatómicas, porque pueden limpiarse muy bien. Los materiales porosos, en cambio, facilitan el cultivo de bacterias y otros microorganismos y, por eso, deben evitarse.
  2. Que los materiales sean hipoalergénicos. Olviden el caucho galvanizado porque es tóxico y tengan mucho cuidado con el látex porque no todo el mundo lo tolera. Los nuevos juguetes de silicón resultan muy buenos. Siempre es bueno cuidar el cuerpo, especialmente a la hora de introducirle cosas.
  3. Por encima de todo, los juguetes son personales. Existen riesgos de transmitir VIH, hepatitis C y otras infecciones de transmisión sexual al compartirlos (Atención: por eso las lesbianas también están en riesgo de contraer VIH). Si se comparten, hay que cubrirlos con preservativos y cambiarlos cuando cambien de persona.
  4. Finalmente, el qué, cómo, cuándo, dónde y con quién es una decisión personal. Lo mejor es informarse y, sobre esta base, tomar decisiones. Los juguetes sexuales son modos de conocernos, de saber lo que nos gusta y lo que no, tanto como de explorar nuestros límites. Precisamente, como no estamos programados de antemano, solo condicionados por nuestra cultura, nuestro paso por la tierra consiste en irnos descubriendo paulatinamente.

 

Luego de todo esto avanzamos a otro ejercicio, una demostración. Después de la discusión nuestra facilitadora preguntó “¿quién quiere ser voluntario?”. Después de un largo silencio alguien se aventuró. La facilitadora pidió, entonces, que el voluntario eligiera a otra persona. Ella sería un auxiliar que ayudaría a estos dos miembros del público a explorar el mundo del sexo mediado con juguetes sexuales.

Lo primero que hizo fue poner preguntas en la boca de la pareja.”Hay que conocer el estado mental, afectivo y emocional de la(s) pareja(s), especialmente los límites”, dijo. La gente se imagina que el sexo, especialmente con juguetes, es algo sórdido. Nada mas alejado de la verdad. Es un acto de exploración consensuada, que requiere diálogo y preparación para que sea satisfactorio y enriquecedor.

Hecho este preámbulo, ella cubrió los ojos de quien quería ser la parte “receptiva”. La otra iría tomando diferentes objetos, para ir acariciando a su compañer@. Antes de eso, hubo una introducción. La parte “activa” contuvo con sus manos los brazos de su contraparte y, al compás de la respiración, fue bajando lentamente, acariciando, hasta llegar a la punta de los dedos. Luego hubo roces, saltos, presiones de diferente tipo con dildos de vidrio templado, con un guante vibrador, con objetos extraños e inverosímiles, algunos fríos, otros calientes.

Una experiencia intensa, a pesar de estar vestidos y con una docena de personas observando el proceso. Cerrada la demostración, la facilitadora pidió a l@s voluntari@s que repitieran el proceso inicial de acompasarse con la respiración. Ambos se despidieron con una abrazo y una sonrisa de oreja a oreja. Fueron cómplices de algo difícil de poner en palabras.

¡Ah! Casi lo olvido. Yo fuí ese primer voluntario. Así que se de primera mano lo que les cuento. Nadie quiso pasar así que yo, de primer chicharrón, aproveché para conocer mas del asunto. ¡Excelente!

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Si este tema te ha horrorizado pregúntate: de quién es tu cuerpo y quién habla cuando dices que eso no está bien. ¿Estás eligiendo ese límite que te impones desde la libertad? Si es así, excelente; sólo deja que los demás decidan qué hacer con sus cuerpos. Si no es este el caso, si descubres que eliges desde lo que te han metido a punta de distorsiones, si a través de ti hablan aquellos que han logrado dominarte, tienes trabajo pendiente, el de tu liberación.

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