conflicto

Hasta donde puede observarse, el comportamiento de un grupo es el resultado de las individualidades que lo componen. Sí, el todo es más que la suma de sus partes, pero eso no significa que algo maravilloso va a salir si los ingredientes no son buenos. No podemos esperar una cultura floreciente en un país donde las individualidades dejan tanto que desear.

Aclaremos mi frustración. De acuerdo a Scott Peck, el autor que acuñó la idea de un proceso de grupo llamado Construcción Comunitaria, en un mismo momento los individuos se encuentran en diferentes estadios de la participación para crear el sentido de comunidad. Evidentemente, el grado de desarrollo comunitario se refiere al estadio que predomina en quienes componen un grupo.

Para hacer la explicación más próxima a nuestra realidad, voy a pedir a mis lectores que se ubiquen en la frase que mejor los describe:

 

  1. En Venezuela no está pasando nada.
  2. Esta crisis es culpa de … (olvídate de lo que tú o tu grupo de referencia ha hecho o dejado de hacer para colaborar con la crisis; no pienses en términos de responsabilidad sino coloqua acá a cualquier otro).
  3. El problema es que tenemos grupos heterogéneos que tienen necesidades muy distintas. (Por ejemplo estan los X que necesitan una cosa y los Y que necesitan otra). Nuestro reto es aprender a respetar y convivir con estas diferencias.
  4. Estamos trabajando realmente por el bienestar de todos y todas y he acá las pruebas de cómo las reconocemos y cómo las incorporamos en un plan estratégico. (Tengo que hacer una aclaración importante en este punto: si crees que esto está ocurriendo, ve de inmediato al psiquiatra; tu sentido de realidad está bastante deteriorado y necesitas, ya mismo, unos buenos antipsicóticos. ¡Sí, estás delirando!).

 

Según Peck, cada frase tiene que ver con uno de los siguientes estilos, respectivamente :

  1. Pseudo-comunidad
  2. Caos
  3. Vacío
  4. Comunidad (siempre y cuando se esté anclado en la realidad)

Creo que a estas alturas, está de anteojitos que Venezuela se encuentra en la fase de CAOS. Hagamos una descripción de este nivel por descarte:

  • Para nada estamos en una situación de bienestar, donde todos los miembros se sienten parte de un todo que los cobija, les da contención y sentido de vida (comunidad).
  • Por supuesto, es casi imposible decir que todo está bien y que nada pasa (pseudo-comunidad). De un tiempo para acá Venezuela siempre es noticia; “algo está pasando” y, claro, quizás Sean Penn, propaganda mediante, no tenga una imagen lo suficientemente precisa de qué exactamente sucede.
  • La pugna entre chavistas y opositores deja en claro que hay una incapacidad para ver lo que el otro necesita. Estamos fracturados como comunidad y nuestro conflicto es, por encima de todo, respecto al camino que debemos seguir como Nación. Quizás lo mas triste es que los que detentan el poder lo usan para embutirnos una idea que no todos comparten pero que, para quienes lo restriegan en la vida de los demás, resulta una panacea. No hay diálogo. Tesis y Antítesis. ¿Dónde estará la síntesis?

Aclaremos acá que la cosa es de ambos lados. Los chavistas son incapaces de reconocer a los opositores, esos “traidores a la Patria”, “pitiyanquis” y “lamebotas del Imperio”, tanto como éstos de aceptar la existencia de los “pata-en-el-suelo”, “desdentados” y “primates” seguidores de Chávez. De nuevo, quien no vea conflicto acá, ha perdido la cordura.

Hoy me voy a la cama con dos grandes inquietudes. La primera:

¿Qué sentía Chavez cuando por Televisión sonaba su silbato infame mientras decía ‘tas bota’o a los ex-trabajadores de PDVSA? ¿Cómo se puede dormir tranquilo sabiendo que muchos de ellos -familias con niños- fueron sacados con bombas lacrimógenas de las casas que habitaban y que, literalmente, se quedaron en la calle? Esto que para muchos ya es historia, es para mí el recordatorio constante de la pregunta más general, a saber, ¿qué procesos mentales permiten nublar el hecho de que se están sacrificando vidas humanas por una idea que, supuestamente, pretende “salvar vidas” de la miseria? (Ajá, si te parece que nada pasa, vuelve unos párrafos arriba, mi pseudo-comunitario).

La segunda,

¿Son los líderes opositores tan cortos de vista, y de mente, como para no darse cuenta que su propuesta (de haber alguna) no calza en 80% de los habitantes de Venezuela? ¿Se han tomado la molestia de escuchar ese resentimiento que Chavez ha sabido capitalizar tan bien, hasta convertirlo en un verdadero opio del pueblo? Reconozco que es dificil escuchar una petición razonable en, digamos, Lina Ron. Sin embargo, ella es un ejemplo extremo de las necesidades que la democracia venezolana nunca supo satisfacer.

Estamos ante un reto que sólo se resolverá cuando, como grupo, aprendamos a ver al otro. Sí, ese al que, aparentemente, nos cuesta tanto reconocer.

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