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Los que creen en teorías de la conspiración son los principales conspiradores

Mi amigo Hugo ha colgado un post muy interesante mostrando por qué es tan fácil caer en las teorías de la conspiración. Es una explicación sociológica que, a mi parecer, es muy acertada. Lo curioso es que, desde la Patagonia hasta el Río Grande, han llegado internautas que dejan sus comentarios. Ninguno parece haber leído el texto. De una se lanzan a explicar todos los agentes malignos detrás de la posible pandemia.

Hugo me pidió una explicación psicoanalítica y, para mi sorpresa -pues no había pensado mucho en el asunto desde esta perspectiva- encontré una descripción del fenómeno igual de interesante.

Freud diría que hay una psicopatología en la que se lleva al extremo el pensamiento conspiracional. Este cuadro es el de la psicosis. En un episodio psicótico, especialmente cuando se caracteriza por un delirio paranoide, la persona cree hay agentes malintencionados que están en su contra; los extraterrestres vienen a llevárselo, alguna persona muy allegada quiere envenenarlo, el diablo controla su mente, entre tantas otras ideas posibles.

De acuerdo a la explicación clásica del psicoanálisis, esta paranoia resulta de una serie de operaciones psíquicas:

  1. Represión de un contenido psíquico: una pulsión incómoda para la conciencia se trata de mantener lejos de ella, es decir, se mantiene inconsciente. Por lo general se trata de una ambivalencia afectiva muy intensa.
  2. Desplazamiento de ese contenido a otro simbólicamente similar. Digamos que la pulsión está dirigida, por ejemplo, al padre. Entonces, y precisamente porque se intenta reprimir, la pulsión sale “disfrazada”; no se manifiesta como relacionada con el padre sino con algún equivalente simbólico; alguna figura de autoridad, algún agente con mucho poder o con poderes sobrenaturales (digamos la policía, el gobierno de Estados Unidos y los alienígenas del espacio, respectivamente).
  3. Proyección del conflicto interno hacia el exterior. La guinda de la torta para no reconocer que, en el fondo, de lo que se trata es de un desbarajuste en el mundo interno, es colocar “eso” afuera. Resulta que no es una fantasía, es algo que ocurre en la realidad, en el mundo.
  4.  Negación de las operaciones psíquicas anteriores. Preparado el delirio y puesto afuera, la persona puede decir que eso no le pertenece. Empezará a tomar todos los indicadores que encuentre, y que no tienen relación entre sí, para justificar el producto de su mente como algo objetivo e independiente de su loca cabecita.

Analizada la psicosis, podemos aplicar esta estructura de pensamiento en quienes creen en las teorías de la conspiración. Afuera hay una serie de indicadores (por ejemplo, que la CIA durante la guerra fría, efectivamente, conspiraba; que hay problemas limítrofes entre Estados Unidos y México; que las farmacéuticas son negocios multimillorarios, entre otros muchas otras cosas que son verdaderas).

El punto crucial es que la relación entre esos aspectos no existe en la realidad.Cuando analizamos en detalle la argumentación, resulta que hay evidencia importante que falta, siendo todo circunstancial. En definitiva, quién cree en las conspiraciones está añadiendo algo que habla de sus problemas internos. Los puntos del dibujo están, pero la figura macabra que surge de unirlos aparece porque la persona que une los puntos lo hace de manera arbitraria, siguiendo una lógica particular que le permite ver algo simbólicamente similar a lo que teme de su mundo interno.

En resumen, el pensamiento conspiracional puede entenderse como una psicosis localizada. La persona toma una serie de indicios que en la realidad se encuentran desconectados y establece una relación entre ellos que es falsa. Claro, el poder de las teorías de la conspiración está en que la relación es plausible, e incluso verosímil. Ahora bien, que sea posible no quiere decir que sea verdadero. Allí está la trampa.

Para finalizar, al lector le puede quedar la pregunta ¿y por qué la gente hace algo así? La respuesta es muy sencilla. Es el único modo que algunos sujetos encuentran para manejar el conflicto interno. Ya que no puede verse directamente, porque la conciencia se opone, el sistema psíquico se las arregla para colocar eso problemático delante. Después de todo, siempre resulta mejor tener miedo a las megacorporaciones antes que admitir que, en el fondo, de lo que se trata es de una fantasía incestuosa con alguno de los padres.

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