Freud se suma a la lucha contra la homofobia

Freud se suma a la lucha contra la homofobia

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Se acerca el Día Mundial de la lucha contra la Homofobia. Se ha tomado el 17 de Mayo pues en esta fecha, en 1990, la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) suprime la homosexualidad de la lista de las enfermedades mentales. Con este acto se cierra, al menos oficialmente, el intento por ejercer control médico sobre esta variante de la sexualidad. Pese al fin del episodio llamado “medicalización de la homosexualidad”, en la práctica vivimos el mismo abuso por parte de las profesiones de la salud, en general, y de los especialistas en salud mental y sexual, en particular.

Es cierto que hay terapeutas actualizados y que se han tomado el trabajo de superar la homofobia que les inculcaron. Porque, admitámoslo, abrirse a la diferencia requiere un trabajo personal profundo, el cual implica exorcizarse las creencias falsas que nuestra cultura arrastra desde hace siglos y que se reeditan conforme pasan los años; los conceptos de “pecado contranatura“, “crimen de sodomía” y “enfermedad homosexual” proceden de visiones muy distintas del universo, la sociedad y el ser humano. No obstante, todas comparten el mismo rechazo infundado; se niegan a reconocer la diversidad que nos caracteriza como especie. Estas tres maneras de entender la atracción homoerótica son sinónimos de un mismo vocablo: opresión. De manera que, sí, dentro del mundo “psi” parece encontrarse el mismo patrón de homofobia que tiene la población general. Es lógico, antes que profesionales son, por encima de todo, humanos.

Así, los terapeutas preparados para comprender y prestar sus servicios a quienes se identifican con el grupo de la diversidad sexual resultan, como nosotros, una minoría. La situación es muy grave, ya que los gremios y las escuelas de formación de estos profesionales mantienen un silencio gélido respecto a estos temas. Con esto, evitan generar roces con el resto de la sociedad, francamente homofóbica. Sí, ellos también están en el closet. Sin embargo, esto trae una de las peores consecuencias; con su silencio estan avalando y, a la larga promoviendo, la homofobia.

Para muestra un botón: Caracas, siglo XXI, un joven X no tiene donde vivir. Sus padres lo han botado de su casa. La razon: es gay. Tiene todo el derecho de no confiar en los profesionales de la salud mental; su mamá es psicóloga, su papá psiquiátra. A este punto puede llegar el desfase de mis colegas.

Por todo esto, me permito dejar acá cuatro sencillos indicadores para saber si un terapeuta sufre de homofobia. Ya que los entes reguladores no hablan de esto, no queda otra sino seguirnos fortaleciendo como comunidad en general y como usuarios de estos servicios en particular. ¿Sabías que buena parte de los clientes de los profesionales “psi” proceden del colectivo gay y lesbiano? Algunos estudios hechos en países donde sí se recogen estadísticas indican que llegamos a ser 30% de su clientela. La observación parece indicar que en Venezuela la situación es similar. Es decir, tenemos un poder real para exigir un trato justo.

TOMA ACCIONES

En fin, acá van las señales de advertencia:

1. Te dice que la homosexualidad es una enfermedad. Esta es la indicación mas obvia, pero cuidado, no siempre lo dicen de manera directa. A veces es solo sugerida, como cuando dicen “lo normal es” o que “seria mejor para ti si” o “no te parece que deberías probar con”, entre muchas otras formas veladas de trasmitirte sus creencias negativas acerca de la atracción sexual entre personas del mismo sexo.

2. Intenta mostrarte que todos tus problemas tienen que ver con tu orientación sexual. Dices que tienes estrés y terminas hablando de tu orientación sexual; sales mal en los estudios o te sientes inconforme con tu trabajo y terminas hablando de tu orientación sexual. Salvo que tu motivo de consulta sea relacionado con la homosexualidad (en cuyo caso necesitas atención imparcial para poder tomar tus propias decisiones), lo que hagas o no en la cama es intrascendente para muchos otros aspectos de tu vida. Eres humano y como todos, tienes conflictos mas importantes. Claro, a veces tocarás ese tema, pero desconfía si siempre “descubres” que tus problemas son por ser gay o que todo sería mejor si fueses heterosexual. Incluso puedo afirmar que la angustia y la depresión por ser gay siempre lleva a otro tema: el efecto de todas las creencias que recibiste al respecto y, en especial, el efecto de esas creencias en las personas a tu alrededor. No es un problema tuyo, es de los demás aunque  lo sientas como propio.

De manera que, si por un lado sientes la atracción y, por el otro,  sientes culpa, estas en medio de una pelea entre lo que “tu cuerpo siente” y lo que “tu mente dice”. Recuerda, tu cuerpo es tuyo y, casi todas tus ideas, te han sido inoculadas desde fuera. Frente a este conflicto es que debes generar tu síntesis particular, sin que tu terapeuta tome partido. Pongámoslo claramente:

Si quieres escuchar que la homosexualidad es una enfermedad, no pagues para eso, muchos en la calle te lo van a decir sin costo alguno.

3. Intenta cambiar tu orientación sexual. A veces es tan descarado y contra la ética profesional como decirte que te masturbes viendo revistas pornográficas del “sexo opuesto”, o intentando convencerte que tu mamá fue sobreprotectora y tu papá distante.  Si la historia que te venden te suena a guión barato o a fórmula prefabricada es porque la persona a la que le pagas para escucharte no está haciéndolo bien. Es importante que se lo hagas saber y, si aún así, sigues sintiendo que no te escucha, déjalo. Atención adolescentes: el acuerdo terapéutico es entre el profesional y tú, aunque sean tus padres quienes paguen la terapia. Además tienes el derecho de saber cuánto están pagando los que la financian. Si tus padres han comprado un “paquete” y les han prometido cambiarte la orientación sexual, primero,  tus padres perdieron su dinero y, más grave aún, estás en riesgo de que tu malestar se haga aun peor. Busca ayuda en otros sitios, por ejemplo Unión Afirmativa. Además, tus padres deberían buscar un abogado y reclamar su dinero de vuelta.

4. Desestima tu necesidad de ser tú mismo y te induce a mantenerte en el closet. Si por alguna extraña razón tu terapeuta te muestra siempre las ventajas de quedarte callado respecto a tu orientación sexual, empieza a desconfiar. Tu puedes decidir no decirlo, especialmente si las consecuencias de hacerlo van a ser peores. Sin embargo, ese silencio tiene un costo muy alto. La recomendación de los expertos en la materia es que debes prepararte y preparar el terreno, buscar apoyo social, “empoderarte” y, a la larga, dar el paso de autoafirmación. Sentirás un gran alivio; así eres y eso está bien; tienes todo el derecho de ser, estar y pertenecer. Tu terapeuta debería apoyarte en este proceso, estar de tu lado y no del lado de la sociedad homofóbica.

Es mas, la recomendación de las organizaciones internacionales es que, a la larga, todo terapeuta preocupado por la salud mental de sus clientes LGBT debe hacer algún tipo de activismo al respecto. De nuevo, que los colegas en Venezuela no sean capaces de expresarse sobre estos temas deja mucho que desear, no solo de su sensibilidad y responsabilidad social, sino respecto a lo más básico de la empatía que deben profesar hacia sus clientes. Teniendo los privilegios, mantienen la posición cómoda de la alianza con el opresor. En términos de Michel Foucault, son el instrumento de la ortopedia moral.

Para finalizar, dejemos en claro que “hacerse el loco” sobre la existencia de la homofobia y sus consecuencias para la salud mental es también una forma de homofobia. De hecho, es la que peores consecuencias genera.

Protégete. Estás en tu derecho. El mejor indicador de que estás frente a un terapeuta que tiene la preparación para trabajar con minorías sexuales es que tu orientación sexual tiene el mismo valor que cualquier otro tema que llevas a consulta, ni más, ni menos.

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