bocabierta

El HABLA DE LO QUE SEA

Los especialistas no se ponen de acuerdo en el nombre que habría que ponerle a este fenómeno. Para algunos es verborrea y, para otros, coprolalia. En todo caso, si hay algo que no puede decirse de nuestro presidente es que le tiemble el pulso a la hora de decir lo que pasa por su cabeza. Con una velocidad más rápida que la de la transmisión del impulso nervioso, su lengua es capaz de agitarse y articular sonidos sobre cualquier tema. Y cuando digo cualquier tema es, literalmente, cualquier tema; desde la posible existencia de cochinos en marte -los cuales pudieron haberse extinguido por un fenómeno similar al calentamiento global terráqueo- (sic), pasando por su justificación de la escasez de leche en Venezuela debido a la “nueva” costumbre alimenticia de los chinos (en China) de tomar leche de vaca, hasta los detalles menudos de su vida cotidiana (los inoportunos momentos en los que le dan ganas de ir al baño, sus intercambios de mensajes de texto con desconocidos y las promesas de antaño de “darle lo suyo” a Marisabel).

Más aún, Hugo Chavez, frente a una cámara de televisión, es capaz de hacer lo que sea. Canta, baila, echa chistes, recita poemas, grita, regaña a sus acólitos y seguidores y desafía a quien sea a competir con la habilidad de su aparato fonador para disparar ráfagas de palabras. ¿Quién dijo miedo?

PERO CUANDO ES NECESARIO, CULIPANDEA

Como buen estratega, al menos de los medios, su bravuconada sabe cuando detenerse. El presidente no solo habla de lo que sea, sino que sabe ponerse un límite para protegerse de los excesos derivados de su impulsividad verbal. Claro, a veces falla, y le toca a quienes lo secundan salir al paso con ocurrencias a  la altura de las circunstancias. La más reciente, la respuesta de la cancillería al gobierno argentino; “ups, fue una broma (que se le chispoteó)”.

En todo caso, a la hora de la chiquita Chávez se hace el loco y se libra de medirse con aquellos a los que reta. Así, si un periodista irlandés (Rory Carroll) le hace una pregunta coprometedora en vivo (¿por qué la reelección solo para él y no para los gobernadores?), Chávez, como el mejor encantador de serpientes, crea una cortina de humo con esos tópicos amados por la izquierda simplista que lo defiende (“Rory es el representante de la Europa monárquica”) y, por supuesto, no responde la pregunta. (El episodio lo encuentran acá (Capítulo 7, minuto 5 segundo 6).

Ahora sus excesos verbales y mediáticos lo han llevado a un Aló Presidente de varios días y, aprovechando la presencia de Vargas Llosa, ha lanzado el desafío de un debate con los eruditos del liberalismo. Por supuesto, cuando le han respondido que sí, Chávez aplica la misma estrategia de escabullirse antes del fin de la crónica de una muerte anunciada. “Compadre yo estoy en Grandes Ligas y usted en doble A”, ha dicho.

Los que seguimos su cháchara de cerca sabemos que no es precisamente por esta diferencia jerárquica que el debate no se llevará a cabo. Ciertamente es por una diferencia abismal, pero no en rango, sino es habilidades de comprensión lectora y argumentación verbal. Ningún intelectual va a pelar ese boche, precisando las falacias de nuestra máquina de disparar palabras.

Y SI NO SIRVE PARA EL RATING, SE CALLA

bocotaEn fin, sirva este preámbulo para entender por qué Chávez, quien es capaz de llevar hasta lo último el cumplimiento de sus caprichos, no se ha pronunciado frente a los derechos civiles de las minorías sexuales, justo ahora que el tema está más candente que nunca.

La inteligencia social de Chávez es tan grande como su capacidad de hablar. Así que no debe extrañarnos que el presidente hable de todo, menos de las uniones civiles de las personas del mismo sexo (las dos líneas del famoso artículo 8 en el proyecto de Ley de Igualdad de Género).

Si Chávez fuese un socialista interesado en el bienestar de los venezolanos, ya nos habría liberado de la dependencia petrolera, ya habría presionado para crear un sistema de salud acorde con nuestros ingresos como nación, entre muchas otras cosas que pudieron hacerse en vez de la petropolítica exterior.

Pero Chávez está obsesionado con mantenerse como el opio del pueblo, para llegar a ser el alma del pueblo. Definitivamente, él no sacará a sus seguidores del trance en el que los tiene diciendo que lxs rarxs tienen derechos. En un país heterosexista, donde los policias extorsionan a los gays, donde a las lesbianas se le niegan cargos en asociaciones y universidades, donde las transgéneros son asesinadas de las maneras mas crueles y donde, por encima de todo, el grueso de la sociedad mantiene un silencio cómplice acerca de estos crímenes de odio, no será Chavez el que regañe a la Presidenta de la Comisión de Familia o a los policías para promover un cambio hacia una sociedad más justa para todos. Él haría eso sólo si diera rating. Eso ténganlo por seguro.

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