Caracas Sangrante, por Nelson Garrido

Caracas Sangrante, por Nelson Garrido

A la altura de una guerra civil

La mataron. Era una colega y estudiaba postgrado. Dispararon primero y, cuando el carro se detuvo, abrieron la puerta y la remataron a tiros. No fue un robo. Eran policías vestidos de civil que, según los vecinos, recogieron la evidencia para no asumir su responsabilidad.

Todos tenemos un caso cercano por el estilo. A veces no son policías, sino ladrones. Mas triste aun, a veces son ladrones que trabajan con, e incluso como, policías. ¿Alguien ha tomado conciencia del significado de al menos 100 muertes violentas por semana en la ciudad de Caracas? Eso suma 400 al mes, 4800 personas al año, como mínimo. ¿Cómo se justifican estas cifras?

Hace unos años un colega de las ciencias sociales decía que en Venezuela estábamos viviendo una guerra civil de baja intensidad. Con el calificativo, él quería decir que no estaba declarada pero que, a efectos prácticos, había una confrontación armada entre dos grupos internos. El concepto caló entre los que lo oíamos, pues da cuenta de las balas y los muertos que habían hasta el momento. Mas ahora, que la tasa de violencia ha aumentado.

Pero las cosas, en un lugar tan bizarro como Venezuela, no son tan simples. Como muestra,  ténganse en cuenta los siguientes hechos:

  • que un ex-militar golpista gane la presidencia por votación popular.
  • que tengamos una “democracia” donde una persona tiene control, directo e indirecto, de todos los poderes.
  • que este gobierno, que lo controla todo, no sea capaz de proveer salud y seguridad ciudadana a su pueblo.
  • que sea el gobierno el que origine una “lucha contra el sistema”.
  • que ese mismo gobierno en su “lucha contra el monopolio” monopoliza el aparato productivo y quiebra a los “competidores”, es decir, a los inversores privados.
  • que ese mismo gobierno que “lucha por la inclusión de todos y todas los venezolanos” excluye de acuerdo a su conveniencia, para que una sola persona se mantenga en el poder hasta que esa misma persona lo considere. (Por cierto ¿no terminan Cuba y Corea del Norte pareciendo una monarquía mas que otra cosa?).
  • que “el pueblo”, o al menos la mitad de los venezolanos que votan, quieran reducirse a ser el dedo de un amo que decide qué es lo mejor para él.
  • que nuestro país tenga una economía equivalente a la de algunos países europeos y una infraestructura y unas practicas políticas y culturales similares a las de un país del África Subsahariana.
  • Que la economía venezolana crezca, en la misma medida en la que nos alejamos de cualquier aproximación a la noción de prosperidad (Si alguien se siente en una sociedad próspera, necesito que me lo explique detalladamente. Favor dejar mensaje).

Estado de Sitio

Así las cosas, la realidad venezolana no es blanca o negra, no es buena o mala; es complicada. Lo queramos o no, hemos sido los artífices de nuestra propia desgracia y ahora estamos en un hueco que va mucho mas allá del entendimiento de ese séptimo grado que alcanza la mayoría (no, la “revolución” no nos ha ayudado a ser un pueblo mas educado; a lo sumo ha producido mas analfabetas funcionales; gente que lee, incapaz de comprender lo leído).

El estado de sitio es un régimen de excepción que puede declarar el gobierno de un país en situaciones especiales, por ejemplo en caso de una guerra civil. Claro, si la nuestra es de “baja intensidad”, como postulan algunos, el gobierno no usa este mecanismo de manera formal, lo que no quita que lo este usando de facto.

¿Por qué los policías ahora disparan antes de hacer cualquier averiguación? ¿No y que este gobierno nunca usaría las fuerzas del Estado para reprimir a su pueblo? (ah, claro, es que nunca es el pueblo, son golpistas y eso los despoja de su humanidad y sus derechos). ¿Por qué no respetamos las señales de transito en la noche? ¿Por qué salimos y entramos con una franca paranoia de ciertas zonas, cada vez mas extensas, de la ciudad? ¿Por qué esta sensación se acrecienta frente a la puerta de nuestro propio estacionamiento (o en nuestra propia casa si vivimos en un barrio)?

Estamos en un Estado de Sitio “de baja intensidad” (y que todos podemos sentir). No esta declarado, como no está declarada la guerra civil que crece desde 1998. ¿Cuántos muertos necesitamos para declararla? ¿Cuántos actos represivos y cuántos muertos por parte de las fuerzas del Estado necesitamos para entender que estamos en un estado de sitio?

¿Es este el precio de la “revolución” bonita? Si un modelo de sociedad debe imponerse a realazo limpio de la frontera para afuera y con el plomo parejo de las fronteras para adentro, entonces no, no es esa una sociedad que merezca la pena implementar.

La verdad sea dicha, la idea de estado de sitio es bastante condescendiente con lo que este gobierno está permitiendo, a saber, la disolución social. Que policías vestidos de civil asesinen a mansalva, que civiles usen las motos de la policía para eventos del gobierno (y también para robos) y, en general, que las cosas se resuelvan con actos violentos, habla claramente de una sola cosa: barbarie. Y claro, ¿de qué valen los argumentos cuando la mayoría, deprivada de alimentos y de educación no puede seguir una argumentación, en particular, y una vida regida por el diálogo, en general? Hasta la casa que vence las sombras ha llegado la oscuridad “revolucionaria” para convertirla en el campo del que llegue a ser mas violento. Este gobierno no lucha contra la ley de la selva, antes bien, la promueve.

Implicaciones para la comunidad LGBTI

Cuando una sociedad esta implotando, como la nuestra, las minorías, esos que de por sí son vulnerables, se vuelven mas vulnerables. Por un lado, “revolución” es entendida por nuestros desnutridos compatriotas como el intento por dominar a los demás; como consecuencia, quieren eliminar a lxs rarxs. Por el otro, la “gente decente” ofendida por este estado de cosas busca culpables, ¿y quién mejor que lxs raros, para ser el depositario de su frustracion y su odio?

En menos de 6 meses han sido asesinadas 5 mujeres transexuales, trabajadoras de la Av. Libertador. Las víctimas han sido atacadas a mansalva con armas de fuego, con detonaciones a “quemarropa” y con varios impactos de bala sobre sus cuerpos [No, no parecen robos]. Hasta ahora, ni la Fiscalía ni la Defensoría, ni el CICPC ni los Ministerios del Poder Popular, han dado respuesta o se ha comprometido con el esclarecimiento de los casos, la protección de posibles futuras víctimas o la protección de los derechos de la Comunidad Trans.

Así reza el panfleto que esta circulando para movilizarnos a protestar. Y yo lo secundo, a la vez que me pregunto ¿qué sentido tiene reclamar derechos de un grupo que esta sociedad no considera digno de tener derechos humanos? ¿Qué se puede lograr cuando los mismos seguidores de este gobierno, que se dice socialista, se oponen a cualquier reconocimiento de derechos civiles y cuándo el gobierno prefiere mantenerse en silencio antes que perder popularidad por ser congruentes con su propio proyecto? La minoría trans, minoría entre las minorías, es asediada cada noche con lluvias de botellas, tanto como con extorsiones y plomo parejo, casi siempre a manos de la policía.

Y mientras los venezolanos (sobre)vivimos en zozobra, el gobierno (o sea, una persona) nos quiere hacer creer que esto tiene que ver con el capitalismo. ¡Sí, claro!

Como nota final: Cifras del Ministerio Público indican que sólo 3% de los 13.128 funcionarios investigados por delitos han sido sentenciados entre los años 2000 y 2008 (EL NACIONAL, 10 de Junio de 2009. Sucesos, p.12). Como la mayoría de los delitos en Venezuela, especialmente cuando son cometidos por quienes tienen el poder, estos, de seguro, quedarán impune. ¿Cuánto dolor tenemos que aguantar antes de reaccionar?

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