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Si seguiste los consejos 1 o 2 de este blog para salir del closet, es probable que te sientas mucho mejor desde entonces. Sin embargo, si pese a este bienestar, te parece que algo falta, de seguro es porque te quedaste con las ganas de hacer el showcito tradicional, tipo telenovela, en el que te colocas como la víctima y derramas la lágrima pareja al “confesar tu verdad”.

¡Admítelo! Para bien o para mal, el culebrón latinoamericano lo llevamos en los tuétanos. Reconociendo este hecho es que he creado esta nueva estrategia para que sigas consolidando tu identidad, a la vez que aprovechas el género que mejor sabemos desarrollar.

Eso sí, como todx buen intérprete, debes preparar tu actuación, no sea que quedes atrapadx por el personaje. Debo advertirte: vas a manejar fuerzas profundas y dinámicas familiares intensas, así que mosca. Lee bien antes de empezar.

Primero, este performance está basado en comentarios bastante comunes en los hogares venezolanos. “Yo prefiero un hijo ladrón que un hijo marico”; “prefiero que se muera y no que sea maricón”; “que sea puta, pero no lesbiana” entre tantas joyas de la homofobia criolla. Si has crecido con estas advertencias, estás en todo el derecho de hacer lo que sigue:

1. Vas a identificar esas frases claves, descalificadoras de quién eres y transmisoras de un claro rechazo.

2. Te vas a preparar psicológicamente para enfrentar tus demonios, confrontando a la persona que se ha encargado de generarte culpa con semejantes mensajes. Esto significa que vas a hacer como si no te importara eso que te dijeron; lo vas a usar, pero como si fuera el guión de una obra de teatro, y lo vas a usar con la lógica más contundente e implacable.

Si has leído bien, ya sabes de qué se trata, les vas a devolver la culpa, mostrando que son ellos los malvados.

Muy bien, preparado el terreno, tu obra puede desarrollarse en dos escenarios. Uno, si no has salido del closet. Este ejercicio dramático sería, entonces, una tercera forma de hacerlo. El otro escenario, ya saliste del closet y aún sientes que no te aceptan. Tu familia no quieren hablar del tema o, peor aún, andan pendientes de cuándo es que se te sale la mariquera (a dónde vas, quién te llama, etcétera). Bien sea porque lo nieguen o porque te fastidien demasiado, acá tienes la solución al problema.

Todo debe comenzar muy tranquilamente, tipo casual.

Mamá yo nunca te he preguntado por qué antes decías que preferías un hijo muerto que un hijo gay.

Así, de lo más tranquilx. Recuerda que esta actitud es la clave del éxito.

El paso siguiente es mantenerte firme en el punto.

Hace calor, ¿no?

No mamá no me cambies el tema. ¿Tú sigues pensando eso?

En aras de no hacer los ejemplos tan largos, dejo acá la estructura de la conversación:

  • Sacar a la luz la frase o frases homo/lesbo/transfóbica(s)
  • Mantener la conversación hasta sacar las consecuencias lógicas para la relación entre esa persona y tú.
  • Para quienes quieran hacer el ejercicio aún más intenso: señala la emoción subyacente a la creencia. Que quede muy claro que debajo de todo ese amor lo que hay es odio.

Porque si sigues pensando eso, y como yo soy gay, entonces tú quieres que yo me muera.

pero, pero … no, es que…

¡dímelo pues!

Y acá es donde tienes todo el permiso de ponerte histéricx (recuerda es una actuación) y hacer que te lo diga.

– ¡No es eso lo que me has repetido toda la vida! ¡Anda, dímelo en la cara! ¡DIIIIIMMEEEEELOOOOOOOOOOOOOOO! … ¡Repite conmigo: quiero que te mueras!

A veces, los padres no se la piensan dos veces y lo admiten así, con tanta frescura, convencidos de Dios los secunda en sus intenciones asesinas. Si este es el caso, tu tarea es moverles el piso, dejarlos sin esa seguridad; desesperarlos al punto en el que griten, histéricos ellos también. Acá es donde se vale reflejarles su propio odio:

– ¡Sí, me arrepiento de haberte paridooooooooooooooo!

Cuando logres esto, y recuerda que fue tu propósito desde que iniciaste la conversación, recoge todo tu despliegue de histeria y fuegos artificiales y, con total compostura, da las gracias y di algo como lo siguiente:

-Muy bien. Ya sabemos quien es la mala persona.

No es dulce, pero ya tienes las cosas más claras. Son otros los que deben culparse. Respira hondo, todas las veces que sea necesario y, por nada de este mundo muestres estar herido. Trabaja hasta que puedas expresarte con compasión hacia ellos, pues ya tienes la confirmación de que están muy enfermos.

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