orgullo

El orgullo es una emoción social, esto quiere decir que se trata de una experiencia que tiene sentido en su relación con los otros. No sentimos orgullo en aislamiento, pues esta emoción se asocia con mostrar algo a alguien. En el caso del orgullo gay, es la respuesta de los homosexuales a la sociedad homófoba.  Consiste en decir “mira, no me avergüenzo de lo que soy” y, a la vez, “olvídense de que voy a sentir culpa”.

Esta respuesta ocurre en el contexto de la medicalización de la diversidad sexual (desde finales del siglo XVIII hasta principios de la década de los setenta en el siglo XX). Luego de la liberación gay, los activistas buscaron alcanzar una visión positiva de la homosexualidad, y lo lograron. La marcha del orgullo gay se celebra ya no para conmemorar los disturbios de Stonewall, sino para exhaltar la diversidad, la pluralidad y una visión vitalista de la existencia.

Podría decirse que es lo contrario de la vergüenza la cual, en el caso de las minorías sexuales es producto de siglos de cargar con creencias erradas en torno al sexo y la sexualidad.

Alcanzar el orgullo puede verse como un proceso de transformación:

… de cómo el camello se transforma en león y el león en niño.

Nietzsche

EL CAMELLO

Es el que soporta la carga. ¿Cuál? La de todas las creencias negativas en torno a la sexualidad; que si es pecado, que si es enfermedad. Camello es aquel que se ha tragado todo lo que le enseñaron, sin cuestionarlo o, por lo menos, preguntarse si las cosas pueden ser diferentes.

Todos tenemos algo de camellos, pues de niños no teníamos las herramientas para reflexionar sobre lo que nos decían. “Eso no se hace” y ya. El cuestionamiento era peligroso, pues suponía el castigo posterior.

Todos los enclosetados son unos camellos.

EL LEÓN

Es el que dice ¡NO! En algún momento nos vemos confrontados con nuestros deseos; en conflicto entre lo que sentimos y lo que nos han obligado a creer. Sufrimos por esta tensión entre pensamientos y lo que el cuerpo pide. Hasta que:

… en la soledad del desierto, el camello suelta la carga.

Y se transforma en león. ¡No! no es cierto que somos enfermos, no es cierto que somos aberrados, no es cierto que nos gusten los niños, no es cierto que estamos obsesionados con el sexo o que somos nocivos para la sociedad. La estrategia del león es poner límites. Hacerse dueño de su territorio. Allá los pobres camellos.

El que sale del closet, ese ya se ha convertido en león.

EL NIÑO

La estrategia del león llega a ser agotadora. Además, es negativa, pues se limita a mantener a raya a quienes quieren que llevemos una joroba. En el proceso de defendernos, llega un momento en el que decimos “ya no es necesario” y, simplemente, nos vale madres lo que dicen los demás. Finalmente somos completamente libres y podemos jugar con los comentarios de los otros. Sí, soy marico ¿y qué?

Los insultos nos tienen sin cuidado. Estamos tranquilos con nosotros mismos. Hemos alcanzado el orgullo; podemos mostrarnos como somos, sin quitar y sin poner.

Los que son cómo son, más allá de las categorizaciones, esos son los niños.

Ya puedes empezar tu recuento para saber en cuál parte del proceso te encuentras. En los próximos posts aprenderás como seguir avanzando.

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