Imagen de la película "No se lo digas a nadie". Lean el libro, de Jaime Bayly, más real y menos edulcorada que la versión cinematográfica.

Imagen de la película "No se lo digas a nadie". Lean el libro, de Jaime Bayly, más real y sin el edulcorante de la versión cinematográfica.

PREÁMBULO

Por ahí me dijeron que la pregunta que titula este post es el proyecto de investigación de toda una vida. Luego de más de una década dándole vueltas al asunto, creo que es cierto. Sin embargo, también considero que, a estas alturas, es posible tener un mapa bastante exhaustivo de todas las capas que conforman este hecho.

Como verán en las proximas entradas, no existe una respuesta simple y lo que encontramos, para desgracia de algunos, son un conjunto de causas, por un lado, tanto como una serie de razones, por el otro, que “explicarían” por qué los hombres tienen sexo entre sí. Así que ya sabes, si alguien te sale con el cuento del papá distante y la mamá sobreprotectora dile, con todo el respeto, que es ignorante respecto a las complejidades de la sexualidad humana.

Por lo pronto dejaremos la incógnita de estas complejidades hasta el próximo escrito, pues antes debo hacer algunas puntualizaciones.

La primera, que tomaré la noción de hombre en su sentido coloquial. Es decir, un hombre es aquel ser humano que coloca una equis en la casilla ‘hombre’ cuando se le pregunta cuál es su sexo. Si quieren discusiones académicas sobre sexo cromosómico, sexo genital (y demás refinamientos conceptuales), váyanse a una biblioteca. Esto es un blog de divulgación.

Lo que sí diré es que una cosa es el sexo y otra el género. Éste último es más de carácter social, y se refiere al código o guión de conducta; un hombre, se supone, hace “esto”, pero no hace “aquello”. Como verán en la entrega 2 de 3, este punto es crucial. Una de las causas de por qué los hombres tienen sexo con otros hombres se esconde en la definición de ‘género masculino’.

La segunda nota es que, que dentro de la categoría ‘hombre’, existen algunos individuos que, sin considerarse homosexuales, tienen sexo con otros hombres. En la Venezuela profunda se les conoce como “mariqueros” (v.g. los que se acuestan con maricos). Nadie sospecharía de ellos a primera vista y, en algunas comunidades como Choroní, parecen estar bastante integrados a la sociedad; se casan y tienen una vida “heterosexual”, salvo por estos deslices.

“¡Pero claro que son  homosexuales!” gritarán algunxs. Para su decepción, habrá que responderles que no. No lo son porque no se piensan como tales. Una definición de la identidad sexual tiene que ver con lo que los sujetos enuncian respecto de sí, de manera que, técnicamente (y esta es una definición que procede de la epidemiología), son hombres que tienen sexo con hombres. Son los elusivos HSH de la prevención de la epidemia de VIH y SIDA; elusivos porque, al no pensarse como homosexuales, no es posible que las campañas de prevención lleguen a ellos si contienen “mensajes gays”. No frecuentan bares de ambiente, es poco probable que se vinculen socialmente con otros gays, salvo a la hora del “pajazo amistoso”, el “chanceo” o el sexo anónimo y casual. (Una cosa distinta son los bisexuales, pues estos sí, reconocen su atracción por ambos sexos. Éstos serían un subconjunto de los HSH).

También como subconjunto de los HSH se encuentran, por supuesto, los homosexuales; un grupo de hombres que define su orientación sexual como centrada en su mismo sexo. Resulta curioso que este término sea popular en Latinoamérica; en los países donde hubo liberación gay, este término está prohibido, es políticamente incorrecto, por las connotaciones médicas que trae consigo.

En estos países, donde el cuerpo se convirtió en un arma política para hacer frente a la dominación sexual, el término corriente es gay. Originalmente la palabra gay significa alegre, pero su acepción actual más común se refiere a aquellos individuos que han hecho de su orientación sexual un estilo de vida (también puede aplicarse en el caso de las mujeres; lesbiana o mujer gay).

Siendo un estilo de vida, habría un conjunto de características que definirían “lo gay”. Así pues, y como dice el chiste por ahí, existen los gays, por un lado, y los homosexuales por el otro. Aunque, la verdad sea dicha, en los países de habla hispana esta distinción no se encuentra de manera tajante. De hecho, pareciera que, en algunos casos, estos términos llegan a ser intercambiables. Cosas de la cultura.

Para entender las relaciones entre estos conceptos, he elaborado el siguiente diagrama, que espero resuma lo dicho hasta ahora.

diagrahombres

Diagrama que articula los diferentes subconjuntos de hombres que tienen sexo con otros hombres.

Una última aclaración: todo modelo simplifica la realidad. Si a alguien el cuadro anterior le parece complejo, hay que decirle que en la vida real lo es aún más. Las líneas, en realidad, no son tan definidas como parecen; hay unos bisexuales con más tendencia a lo homo y homosexuales a los que se les “seca la canoa” de vez en cuando, por nombrar dos de las situaciones más comunes. La escala de Kinsey y las de Ardila son aproximaciones a esta complejidad.

La de Kinsey consiste en una escala de 7 grados que van de la homosexualidad absoluta a la heterosexualidad absoluta.  La de Ardila consiste en dos escalas de 0 a 10, referidas al grado de atracción hacia los hombres -la primera- y hacia las mujeres -la segunda. Como se ve, ambas se basan sólo en la orientación sexual (y no toman en cuenta la identidad). Esa sería, por supuesto, otra variable.

En fin, en el próximo post nos metemos en la candela, dando la primera gran respuesta a la pregunta. Hasta entonces.

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