HSH1

Nota preliminar: las respuestas son, en apariencia, paradojas. Lean completo el post y verán que no hay contradicción.

1. LA RESPUESTA POST-ESTRUCTURALISTA:

LOS EVANGÉLICOS Y LOS MINISTERIOS ANTIGAYS FOMENTAN EL SEXO ENTRE HOMBRES.

Para no entrar en citas de Nietzsche y Foucault o Freud y Lacan (grandes del pensamiento contemporáneo en Psicología, Filosofía, Psicoanálisis y Ciencias Sociales), usaré una referencia poética y un refrán popular. La primera dice:

Lo que más tememos es lo que se nos aparece.

Y el segundo:

El que hace la ley, hace la trampa.

Con estas dos ideas tenemos suficiente para comprender cómo una cosa lleva a la otra o, como diría Foucault (disculpen, pero esto si tengo que ponerlo):

cada orden lleva implícita las reglas de su propia transgresión.

Ahora bien, el punto de partida es que la antropología cristiana está errada en un punto crucial: no es cierto que podamos erradicar “la tentación”, es decir, las pulsiones que proceden del cuerpo. Por eso los griegos, mucho más sabios y relajados aunque quizás un poco misóginos, lo que buscaban era canalizar todo lo que saliera del cuerpo; ellos tenían un tiempo, un lugar y ciertas condiciones para el sexo entre hombres.

El cristianismo se consolidó como poder hegemónico desde el siglo V d.C.. Esto quiere decir que tenemos más de 1500 años de represión institucionalizada en lo que a cuerpo se refiere. El precio de esto se paga caro; mientras más intentamos esconder la pulsión, con más fuerza sale por otro lado.

¿Y qué tienen que ver los evangélicos y los ministerios antigays en todo esto? Ellos hacen explícito lo que el cristianismo tiene en sus fundamentos:

1. Que solo existen “dos sexos” (me río de sólo pensar en lo que diría un médico o un biólogo de esto: “¿dos sexos? ya va, nos referimos al nivel endocrino, cromosómico, gonádico, genital… y ¿qué hay de los intersexos?… sin contar que cuando incluímos lo psicosocial aparece lo trans…”).

2. Que cada sexo es el “opuesto” del otro y que esto significa que se complementan (¿esto querrá decir que los andróginos, otra ocurrencia biológica, están completos?).

Eso es lo que pregonan, y lo que quieren embutir en la mente de creyentes y no creyentes, especialmente. Con esta presión, y mientras menos explícita sea la contraofensiva, más acciones indirectas tendremos. Entonces: el sexo entre hombres es una expresión (un acting-out diría un psicoanalista) que deja en evidencia que el sistema -estructuralmente hablando- no es eficaz en el control absoluto de los cuerpos.

El sexo entre hombres es la rebelión de los cuerpos.

De hecho, los fanáticos religiosos, al confundir sexo y género (ver post anterior), y al reducirlo a esa falsa dicotomía, sientan las bases para que los cuerpos digan, a su manera,  “¡no, ellos están equivocados!, y nosotros somos la prueba viviente de ello“.

Un indicador de esto lo tenemos en que nuestros elusivos HSH (ver definiciones en el post anterior) no hablan, ni a ellos mismos, de sus andanzas. La experiencia indica que es algo que “simplemente pasa”. El caso más extremo que personalmente conocí era el de un muchacho “de muy buena familia” que se emborrachaba hasta perder la razón, solo para que los demás hicieran con él lo que quisieran. Represión, negación, disociación; estos serían los mecanismos comunes que sostienen el sexo entre hombres en su dimensión estructural. Son precisamente los menos asumidos -los que se casan, tienen hijos y una vida heterosexual, quizás exageradamente hetero- los que caen en esta categoría.

Así pues, la existencia de personas obsesionadas con erradicar la homosexualidad garantiza que siempre habrá un varón que sienta las ganas de probar “aquello”.

IMPLICACIONES PARA LA PREVENCIÓN DEL VIH/SIDA

Las implicaciones de esta elaboración son contundentes. Primero, los cristianos homofóbicos son doblemente responsables de la difusión del VIH. Por un lado desestiman el uso del condón, llegando incluso a mentir respecto a su efectividad. Por el otro, su obsesión con la “sanación sexual” y las terapias “reparadoras” están directamente vinculadas con el sexo desprotegido y de alto riesgo. La consecuencia: son las decentes mujeres casadas las de mayor riesgo de contraer VIH, pues ni se les pasa por la mente que deberían negociar el uso del condón con esa media naranja que las acompañará “hasta que la muerte los separe”.

La segunda implicación es que, para hacer prevención efectiva, hay que:

  1. Luchar directamente contra la homofobia, especialmente la institucionalizada y, más aún, la que procede del cristianismo oficial (no todos los cristianos son homofóbicos y no todos están pendientes de lo que hacen los demás en la cama).
  2. Hay que hacer intervenciones estructurales, centradas en desmontar la idea de dos sexos complementarios el uno del otro. Esta creencia solo está en la cabeza de algunos, y mientras esté, los cuerpos se rebelarán y habrá sexo de alto riesgo para el VIH y la serie de infecciones de transmisión sexual.

Quiero cerrar diciendo que también conozco muchos heterosexuales que, precisamente por aceptar que el sexo y el cuerpo son como son, les trae sin cuidado el sexo entre hombres; pueden vivir con eso porque no los tienta. ¡Pobres aquellos que se perturban!

* * *

Para leer algo más sencillo sobre este tema:

Hay hombres que tienen sexo con hombres pero que no se consideran homosexuales, incluso tienen novias o están casados, hecho que incide en la proliferación del VIH en la mujer.

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