El problema con los preservativos se encuentra en su dimensión trascendente, es decir, con lo que representan.

El problema con los preservativos se encuentra en su dimensión trascendente, es decir, no con lo que son, sino con lo que ellos representan.

Del post anterior de esta serie hay un punto que, en sí mismo, merece que se le dedique un escrito completo:

¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL PONERSE UN CONDÓN?

En la práctica, el condón es un forro de látex (o algún equivalente para lxs alérgicxs a este material) que puede colocarse en 4 sencillos pasos:

  1. Chequeando la fecha de caducidad, las condiciones de presentación y aquellas en las que fue almacenado (condón vigente, en buen estado y herméticamente sellado).
  2. Abriendo el estuche con cuidado, dejando el condón intacto.
  3. Dejando la punta libre para que retenga el sémen y colocándolo sobre el pene erecto desde el momento del jugueteo.
  4. Revisándolo de vez en cuando para chequear que todo se mantiene en orden.

Ahora bien, los condones no solo son lo que son, sino aquello que representan. Si bien en su dimensión fáctica son solo barreras, en su dimensión trascendente apuntan a muchas otras cosas. Por ejemplo:

  • que asumimos el sexo como algo natural.
  • que tenemos control de nuestro cuerpo y de nuestras acciones.
  • que podemos planificar y asumir nuestros encuentros sexuales.

Es obvio que no es esto lo que sucede con los hombres que tienen sexo con hombres. Ellos se engañan a sí mismos, y forma parte de este engaño el pensar que el sexo (entre hombres) es “algo que simplemente pasa”, “algo en lo que no debe pensarse” o encuentros que los “agarraron desprevenidos”. En lenguaje existencialista eso se llama mala fe: la conciencia es la engañada y, a la vez, el engañador. La mala fe, dicho en corto, consiste en la incapacidad para decirse uno mismo ciertas verdades.

Por estas complejidades es que la información acerca del uso correcto del condón se considera necesaria, pero no suficiente. Las fallas en crear el hábito de usar este dispositivo esencial para el sexo más seguro no se suelen encontrar en el área de la información (a estas alturas, casi todo el mundo sabe de la importancia de usar condones), sino en un lugar más emocional, ese que transforma la información en las conductas requeridas para mantenerse sano.

De acuerdo a esto, el uso del condón como parte de la vida sexual es el resultado de algo más amplio. Por eso la prevención ahora consiste en promover la salud sexual, más que en, simplemente, decirle a la gente lo que ya sabe, pero no es capaz de hacer.

Hay un tema en el que no entraré en detalle, pues lleva esta complejidad a niveles que desbordan este espacio, que se refiere a que esta falla es, a la vez, un castigo. Cuando una infección por VIH irrumpe en el escenario de estas personas tramposas consigo mismas, el gran shock aparece cuando aceptan que, en el fondo, lo que querían era castigarse por tener esas “debilidades”. En un perfecto ejemplo de profecía autocumplida, muchos hombres que tienen sexo con hombres no se protegen como una forma de autocastigo por sus preferencias no asumidas.

En resumen, los hombres que tienen sexo con otros hombres (los HSH) representan un doble reto para la prevención de las infecciones de transmisión sexual. Al no estar asumidos en lo que les gusta hacer con otros hombres:

  1. No se identifican con las campañas de prevención que se orientan a la población gay  (“No panita, yo no soy de esos”).
  2. Podrían dejar de lado el uso habitual del condón por creencias erradas (tales como “el VIH es solo para gays y yo no soy gay”; “si yo penetro no corro riesgo de infectarme”, entre otras); también porque, y este es el punto crucial de este post: porque colocarse un condón implica asumir la responsabilidad de los propios actos.

Colocarse un condón es una declaración de amor propio: “hago lo que me gusta del modo más sano posible, porque me cuido y me protejo”. Desafortunadamente, no todos llegan a quererse tanto.

De todas maneras dejemos en claro que el problema del uso del condón, como el del sexo entre hombres, no puede reducirse a una sola causa; depende de varios factores; algunos estructurales (como la disponibilidad), otros culturales (el valor asignado a este objeto en una sociedad determinada) y otros más personales (como posesión de información o expectativas de eficacia al usarlo). En este post solo hemos destacado una de muchas aristas implicadas.

Anuncios