macho

Por fin llegamos a la segunda gran estación. Recordemos que las respuestas son, en apariencia, paradojas. Si leen completo el post verán que no hay contradicción.

2a. La respuesta desde la perspectiva de género:

MACHO QUE SE RESPETA TIENE SEXO CON HOMBRES

Pues sí, así es. Pareciera que dentro de la definición “tradicional” de lo que es ser hombre, se espera (implícitamente por supuesto) que unos se acuesten con otros. ¿Cómo? Veamos. Machismo es el nombre de ese discurso rígido y estereotipado de la masculinidad. De acuerdo a esta visión simplista, ser hombre gira en torno a la noción de poder, un poder representado por la presencia del pene o, en su dimensión simbólica, por la posesión del falo. Aparecen así las imágenes prototípicas del macho; el que golpea, conquista, somete, el que usa su espada, el que penetra… el que puede.

Dentro de esta definición, las relaciones entre hombres, especialmente aquellas vinculadas a lo afectivo, se tornan altamente conflictivas pues, para pertenecer al ámbito de “lo macho”, deben reducirse al modelo de dominador/dominado. En el ámbito de lo sexual eso se traduce en el encuentro percibido como un acto violento, donde un “activo” somete a un “pasivo”.

Veamos la dinámica. De manera típica, un macho es el que, en los baños públicos por ejemplo, exhibe su miembro. Como me dijo uno de los entrevistados, “porque siempre hay un marico que mira“. Una vez seducida la presa, el macho quiere que el otro se arrodille y le haga sexo oral. Si hay penetración, es él quien usa la espada para conquistar las profundidades del cuerpo ajeno.

Lo característico es que el macho “coja sin mariconadas”. Como informó otro de mis entrevistados, el no besa a los hombres “porque tiene novia”, y los penetra “solo porque ella no se deja por detrás”. De acuerdo a esta lógica, es el respeto a su doncella lo que lo lleva a meterse en terrenos prohibidos donde, como muestra de su hombría, “humilla” a quienes se colocan por debajo de él.

Hablando de humillaciones, éstas son frecuentes en la relación con el macho. Éste las propina, por ejemplo, escupiendo al pasivo y, en los casos más extremos, golpeándolo después del encuentro “por haberse dejado coger”. Este castigo puede llegar incluso al asesinato. Es una manera de demostrar(se) que es él quien “usa” al otro, gozándo(se) su cuerpo.

Dado este estado de cosas, me atrevería a formular la siguiente ley social: mientras más rígida sea la definición de lo que es ‘ser hombre’, más probable será la existencia del sexo entre ellos. (De allí la fama de los llaneros).

Curiosamente, esto nos lanza al escenario de la etología, del comportamiento de los animales en su habitat natural. ¿Pero acaso los humanos nos comportamos, simplemente, como animales? De acuerdo a algunos sociólogos, sí. Nuestra conducta social se estructuraría de acuerdo a las leyes darwinianas de la selección natural.

2b. La respuesta desde la sociobiología:

EN TIEMPO DE HORMONAS TODO HUECO FUNCIONA

Son bastante conocidas las peculiaridades de los bonobo, esos primates que comparten más del 95% de su estructura genética con la de los humanos. Para esta especie, el sexo cumple varias funciones distintas a la procreación:

  • Puede ser un saludo,
  • Una manera de resolver un conflicto o,
  • Una forma de halagar al vencedor una vez que el conflicto se ha resuelto.

En el ámbito de los animales que viven en grupo, al macho que tiene el poder se le dice macho alfa y al resto los beta. Un macho beta demuestra su sumisión saludando al alfa haciéndole sexo oral, por ejemplo. De igual modo, si algun beta empieza a sentirse superior (actitud propia de los más jóvenes), en el caso de los bonobo la disputa se resuelve con una pelea que consiste en ver quien se coge a quien. Si el beta lo logra, se convertirá en el nuevo alfa y, si no, se ofrecerá él mismo para ganarse de nuevo la simpatía del alfa aún dominante.

Curiosamente, este es el modelo que comienza a predominar cuando se ponen juntos a muchos hombres. Adivinen dónde ocurre esto:

  • En la cárceles.
  • En la armada.
  • En los seminarios y monasterios.

Bueno, el contenido de esta post ha quedado particularmente intenso. Así que dejemos para después (el 2.5) las implicaciones que resultan para la prevención del VIH/SIDA y otras infecciones de transmisión sexual. Cerremos acá con una fantasía que, como investigador, me ha surgido: ser un etólogo, trabajando a escondidas en uno de esos lugares donde los hombres se encuentran concentrados ¿Donde más? En el Vaticano.

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