El nacimiento de Venus, de Boticelli. En esta representación de la Diosa del Amor hay una remembranza de otra obra del mismo autor, La Madonna del Magnífico.  

 

 

El nacimiento de Venus, de Boticelli. En esta representación de la Diosa del Amor hay una remembranza de otra obra del mismo autor, La Madonna del Magnífico.

 

En este momento me resulta difícil decidir si fue un sueño o una aparición. En todo caso, la vírgen María estaba ahí frente a mí. Primero, como una de esas estatuas de yeso pintada con colores sólidos; la cara artificialmente tersa, esa expresión de pureza acartonada enmarcada en blanco, rosa y celeste chillones. Cuando noté la fragancia a rosas, la rigidez del espectro desapareció y se transformó en la solidez de un cuerpo humano. Los colores bajaron de tono y la cara empezó a irradiar un encanto angelical.

Sorprendido y asustado, me quedé paralizado y con los ojos muy abiertos. “No temas“, me dijo. “Vengo a seducirte“. Inmediatamente se quitó el manto y una larga cabellera empezó a desenroscarse y, mientras percibía que además de rosas, en el aire había especies, la pícara empezó a contorsionar su cuerpo suavemente.

Ahora entendía menos. ¿Una virgen haciendóme la danza de los velos? Mi miedo se disipaba como consecuencia del calor y mi cuerpo se aflojaba como siguiendo las instrucciones de la intrusa. En este ambiente cargado de erotismo, la virgen se acercó y, justo antes de posar sus labios sobre los míos, desapareció.

Han pasado varias horas desde esta visita. Ahora sí puedo asegurar que estoy completamente despierto. Mientras disfruto del café matutino, pienso en el significado de esta imagen. Me dejo fluir en cadenas asociativas que saltan de la historia del arte a la psicología junguiana, para desplegar el conocimiento contenido en esa corporización de mi mente.

Diciéndolo con un resumen, creo que me quedaría completamente desarmado y sin objeciones si la iglesia católica asumiera la dimensión política que tienden a encubrir cuando asumen que sólo ellos tienen un relación privilegiada con Dios y sus designios. Si la iglesia se presentara a sí misma como un actor político, como un grupo con intereses particulares que necesitan ser reconocidos por el colectivo, yo sólo podría decir “perfecto, vamos a dialogar“.

Hasta sería más facil para alcanzar los objetivos que se proponen si reconocieran que, en definitiva, su planteamiento es, por encima de todo, terreno. Automáticamente pasarían de sermonearnos con lo que se supone “debemos hacer” y serían como mi virgencita seductora que, en vez de generar culpa e inducir el miedo, me invitaba a compartir su mundo. La aparición me ha traido, entonces, un mensaje que entrego a los interesados: hay que endulzar la píldora, hay que envolver con palabras y trabajar desde el ofrecimiento de una imagen que sea atractiva para el prójimo. De lo contrario seguirán generando el tipo de respuestas que, como hasta ahora, van de la burla a la ira, pasando por esa lástima que se siente por los que “no saben lo que hacen”.

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El domingo ha pasado tranquilamente. Ahora navego por Internet y (¿casualmente?) me he topado con las declaraciones del clero colombiano respecto a las uniones del mismo sexo. Me parecen muy distintas a las de sus hermanos en Venezuela. Parecieran denotar esa madurez política que tanto quisiera para mi tierra.

Acá las dejo, para la CEV y para el colectivo LGBT venezolano. ¡Sí se puede llegar al mejor mundo posible para todos! Nos vemos el 13 de Agosto en la marcha por los derechos humanos y civiles de los sexodiversos.

…el secretario de la Conferencia Episcopal (de Colombia), monseñor Fabián Marulanda López, reiteró que los homosexuales «deben disfrutar de los mismos derechos de cualquier ciudadano del país». 

Monseñor Fabián Marulanda, secretario de la Conferencia Episcopal de Colombia, asegura que este no tiene cuestionamientos éticos (respecto a las uniones del mismo sexo, concedidas por la Corte Suprema de Justicia, toda vez que el congreso se negara a aprobar un proyecto de ley en este sentido).

Previamente, monseñor Castro Quiroga (Arzobizpo de Tunja, ciudad colombiana) había señalado que «el que haya una solución al patrimonio y una solución a la seguridad social de estas parejas es algo muy comprensible. Creo que en eso no hay nada que decir». 

 

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