Venezuela VIH

Comienzo acá una serie de posts con las inquietudes que me motivan desde 2001.

Preámbulo: Nosotros firmamos lo que sea

A efectos de los tratados internacionales, Venezuela es un país progresista; suscribe cuanto convenio le pongan por delante para quedar bien ante el mundo como Nación. De estos tratados firmados por Venezuela, dos son de particular relevancia para que, como ciudadanos, tengamos el derecho de exigir el cumplimiento de ciertas tareas pendientes. Más que un derecho, hasta diría que el deber pues, si de verdad estamos comprometidos con la mejora de nuestra sociedad, debemos cumplir con ciertos estándares mínimos. (Lección básica de ética: las promesas y los compromisos son para cumplirlos; cuando se firma un documento, se hace con la intención genuina de alinearse con lo que allí se expone).

Los tratados a los que aludo son:

  1. Declaración de Compromiso sobre el VIH-SIDA de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Junio de 2001).
  2. Los Principios de Yogyakarta sobre la Aplicación del Derecho Internacional Humanitario en Relación con la Orientación Sexual y la Identidad de Género (noviembre de 2006).

El cumplimiento de ambos, como lo indica la experiencia de la Unión Europea, de Canadá y también de Australia, está implicado en la promoción de la Salud de los hombres gays, directamente, y de la sociedad en general, por extensión (ver acá, en inglés).

Confórmate con este papelito

A finales de 2002, asistí como único representante de Venezuela al Curso Hispano-Americano de Capacitación de VIH/SIDA, una iniciativa del Gobierno Español y la Organización Panamericana de la Salud para transferir conocimientos sobre cómo hacer frente a la epidemia de VIH/SIDA en Latinoamérica (Sí, el resto del mundo está preocupado por lo que pasa acá). Durante dos semanas, miembros de la región (un máximo de 2 por país) estuvimos en un seminario intensivo, revisando las nociones fundamentales requeridas, las cuales van desde la creación de políticas públicas hasta los detalles de los tipos de tratamientos disponibles para tratar a las personas infectadas con el VIH.

Estuvimos en Antigua, Guatemala, con todos los gastos pagos y el único compromiso de a) llevar un imagen de la situación de nuestro país, para exponerla al resto del grupo y b) regresar a nuestros países para utilizar y diseminar los conocimientos adquiridos.

Por supuesto, para cumplir con la primera parte del compromiso, antes de viajar, me fui hasta el Ministerio de Salud (aún no era MINPOPO) y solicité la información que necesitaba. Como en una fantasía kafkiana tropical, una mujer me dijo “mi amor esto es lo único que te podemos dar” mientras me entregaba una hoja multigrafiada con el índice acumulado de personas muertas de SIDA hasta el 2000.

Para lo que no lo saben, un índice acumulado es, simplemente, una suma de palitos; unos muertos en este año, más otros muertos en este otro dan tantos muertos (y un multígrafo un aparato que se usaba antes de las fotocopiadoras). ¿Y las estadísticas, las de verdad, las que se llevan para hacer frente a la epidemia? ¿Dónde está la prevalencia, la tasa de infección, el desglose por sexo, edad, grupo etáreo, prácticas de riesgo?

Casi una década después, y aunque no se si sigan teniendo el descaro de entregar el mismo papelito, seguimos sin que el gobierno provea con cifras oficiales veraces sobre la situación del VIH y el SIDA en Venezuela. En este sentido, y casi como una confirmación a lo que digo, la directora del Programa de SIDA/ITS declaró, para la presentación de la única campaña de prevención que ha hecho un gobierno venezolano en torno a la prevención de la infección por VIH (año 2005):

“Enfocarse en las mujeres en esta campaña no es una elección aleatoria, sino que está basada en estadísticas concretas” (subrayado añadido). Lo cierto es que, si bien hay algunos indicadores según los cuales se puede pensar que la proporción de mujeres infectadas va aumentando, todo apunta a que la gran mayoría de infectados se encuentra en el grupo de los hombres. De manera que, lo sensato si de verdad se quiere frenar la epidemia es ver el panorama global: hay que enfocarse en los hombres que tienen sexo con hombres. Claro, hay que admitir que, si de efectismo se trata, bien lo saben los publicistas, las mujeres, los niños y los perros atraen más que los maricones.

Por cierto, no estoy diciendo nada que el mundo no sepa (vean esta síntesis del caso Venezuela respecto al VIH/SIDA, en inglés). La gran novedad de lo que escribo está en el idioma, el español. Mi meta es sensibilizar a los principales afectados, los venezolanos, quienes suelen sentirse ajenos a esta realidad, entre otras cosas, por no tener acceso a esta información.

Lecciones sobre cómo responder a ésta y las otras inquietudes que vienen

¡Por supuesto que quiero respuestas! No sólo yo, todas las ONGs que son las que día a día deben lidiar con MILES de hombres, mujeres y niños viviendo con el VIH, esas mismas que ven como el virus sigue esparciéndose impunemente sin que existan políticas de Estado seguidas de manera continua por el gobierno. Más aún, creo que todas las personas sexualmente activas necesitan saber, por el bienestar de ellxs mismxs, tanto como por el de las futuras generaciones de venezolanxs ¿Qué estamos haciendo para detener el flagelo? ¿Cómo es posible tener una aproximación sensata a esta situación si desconocemos la magnitud real y las características del problema? Sin un sistema de registro epidemiológico, estamos dando tanteos de ciego.

Para críticas tan fuertes como ésta, Hugo Chávez ha encontrado una solución que él utiliza como panacea y que sus acólitos, por extensión, suelen usar también. Se trata de la falacia de autoridad, es decir, frente a la crítica, la estrategia de los “revolucionarios” consiste en descalificar a su autor. ¿Para qué recuerdo esto? Para que nos saltemos el paso estúpido de decir “¿pero qué vienes a decir tú, oligarca?”, “¿con qué moral hablas si ni siquiera estás en Venezuela?”, “Seguro te paga la CIA o haces esto con intereses personales”…

Nada de esto responde a la pregunta concreta. Y aún en el caso de que yo sea un agente de la CIA por ejemplo (cosa que me encantaría, pues por lo menos tendría un sueldo por escribir esto), esto no transforma la cruda realidad venezolana: EN VENEZUELA NO HAY VOLUNTAD POLÍTICA PARA HACER FRENTE A LA EPIDEMIA DEL VIH/SIDA. Cualquier interés del gobierno está puesto en otro sitio y no en detener la expansión del virus del VIH.

Así que, para quien quiera dar la cara, cualquier respuesta sensata tiene que empezar con cosas como:

  • En Venezuela las cifras oficiales son… y se consiguen en …
  • En Venezuela no hay cifras oficiales porque … y esto es lo que se está haciendo para solventar esta situación… ” (las personas serias indicarían acá ente o persona responsable y una fecha de entrega para esta tarea).

Y no, la respuesta no es para mí, es para todos los venezolanos.

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