A César: a la contundencia de lo simple le

cabe cualquier adjetivo, menos ‘ingenuo‘.

 

De acuerdo a la mitología contenida en la biblia, en el principio era el verbo. Aparentemente desconectado de la vida cotidiana, ese versículo, implantado en nuestras almas a punta de sangre y humillaciones, se traduce en muchos fenómenos curiosos. El que más me llama la atención: que los latinoamericanos, en general, terminamos siendo “más papistas que el Papa”.

Especialmente los venezolanos, tenemos un juicio para todo y para todos. Vamos por la vida clasificando personas, experiencias y situaciones en bueno y malo, deseable, pernicioso, valioso, ingenuo. Todo gracias al verbo. Llevamos la moral cristiana a los límites que muchos cristianos no quieren traspasar, precisamente, porque reconocen que la convivencia depende del respeto a la libertad del otro. Es la gran diferencia entre los occidentales y nosotros, meros occidentalizados (a la fuerza).

Al menos en mi caso, mirar al lejano Oriente (bastante cercano si vemos para el otro lado), me ha servido de exorcismo. Para muchas tradiciones orientales en el principio era el sonido. Sútil e importante distinción: verbo es significado; sonido, vibración.

De allí que estas tradiciones propongan la aceptación radical de la experiencia, sin juicios, sólo la aceptación de su presencia, se su “ser tal”. Más que bueno o malo, lo importante es que cada cosa es, independientemente de lo que creamos que sea (eso es problema de la mente). Así se trascienden las dicotomías pues “cuando apreciamos lo bello, ya estamos en presencia de lo feo”. Así, paradójicamente, se promueve el cambio; dejamos la lucha y todo nuestro sistema se pone en sintonía con el cambio.

En fin, denso preámbulo para presentarles un videito donde lo importante es la música; es el primer tema que hago usando Garage Band, el programa de Mac. No tiene mayores pretensiones, sólo sirvió para llenar mi tarde de domingo.

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