Es curioso como a muchos, a veces, les cuesta ver lo obvio: que todos, en definitiva, somos humanos; una misma estructura física y muchas similaridades en relación a nuestras necesidades emocionales y de contacto, independientemente de cualquier orientación sexual. Claro que somos seres  sexuales, pero eso no significa que todo sea sexo o que siempre seamos presa de este tipo de excitación.

En esto me puse a pensar con la noticia del  fan que saltó a darle un beso a Rafael Nadal. Por supuesto que hay un componente homoerótico en el encuentro, pero ni al fan (del que no podemos atinar su orientación sexual) ni a Rafael Nada (del que sabemos es heterosexual) parece haberles importado compartir un momento de afecto y contacto. Hasta parece que Nadal se hubiese quedado con las ganas de retribuir el gesto.

Quiero dejarles un fragmento de la noticia tal y como la comentan en Ambiente G:

Que Rafael Nadal es un Caballero, lo ha demostrado dentro y fuera de la pista […] Rafa es un puñetero encanto. En la cancha yo no me habría atrevido, pero juro que si me lo encuentro un día por la calle, reacciono de la misma forma, pidiendo antes permiso, maldita sea, a su querida novia. Por algo, yo también soy todo un caballero.

En España, que ha sabido abrirse al cambio, es posible que los sexodiversos sean vistos como personas. En Venezuela, donde los homofóbicos trabajan arduamente para someternos y excluirnos, usando esa imagen retorcida que tienen de nosotros, es díficil tomar como una verdad simple este hecho contundente: es posible convivir con la diversidad.

Me quedo pensando si, en el fondo, es el afecto y el contacto lo que angustia a los homofóbicos. Tal vez, el problema es, mas allá del sexo, el encuentro afectivo y la posibilidad del amor en formas y lugares no convencionales. Tal vez no es solo que nos odian, sino que a una parte de su alma no llegan soplos de vida.

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