El ideal acerca de quienes somos. Una fantasía.

 

El ideal acerca de quienes somos. Una fantasía.

 

En una región que se mueve hacia la ampliación de los derechos humanos, en general, y civiles en particular, se hace cada vez más estridente que Venezuela no sea capaz de generar el marco legal que apunte a esa dirección. La cosa es particularmente grave pues se supone que este es un gobierno socialista.

Claro, todos sabemos que en Venezuela el discurso siempre va en el sentido contrario de las acciones; “dime qué pregonas y te diré de qué careces”. Países como Dinamarca, supuesto modelo para el socialismo del siglo XXI, no andan pregonando que son socialistas; se encargan de repartir la riqueza de modo equitativo y ya. En Venezuela, sin embargo, lo importante no son las acciones sino el volumen de los gritos y, si acaso, mantener las apariencias.

Afortunadamente los discursos no son homogéneos y hay muchos individuos que pueden detenerse a pensar, para salirse del juego macabro llamado cultura venezolana.

Uno de ellos es Eduardo Battistini, presidente del concejo municipal de El Hatillo. Él ha tenido el guáramo de escribir en el periódico acerca de este tema tan sencillo y tan cargado de emocionalidad. La idea central es simple: si tanto pregonamos la unidad, por qué no aceptamos la diversidad y, especialmente la diversidad sexual.

Puedo imaginarme los comentarios de los lectores:

1. “Este seguro es marico”: es sorprendente que a la mayoría de la gente no le quepa en la cabeza que defender a los desposeidos, los vulnerables, los excluidos es un acto de empatía y solidaridad humana. A estas personas hay que explicarles que hay heterosexuales que son aliados del movimiento LGBT y que son precisamente los más seguros de su sexualidad; no tienen que demostrarle nada a nadie y, como están cómodos consigo mismos, pueden aceptar la diferencia.

2. “De seguro lo hace para llamar la atención”: la falacia de autoridad es una estrategia muy popular en  Venezuela, más ahora que Chávez la ha convertido en su herramienta principal para responder a los críticos; “por qué la reelección indefinida para Usted y no para los gobernadores”, le pregunta un periodista irlandés. “Tú defiendes a la monarquía”, fue el inicio de la descarga del máximo líder, en la que se le olvidó, ups, responder la pregunta.

Battistini apunta a un punto neurálgico de nuestra cultura, a ese desfase entre lo que decimos que defendemos y lo que realmente defendemos con nuestras acciones. Por eso me imagino que puede convertirse en blanco fácil de la sospecha en cualquiera de los dos sentidos aludidos anteriormente.

Lxs venezolanxs van a patalear mucho antes de admitir que no soportan el cambio y que le tienen terror a la diferencia. Si miramos bien a dónde apuntan las acciones de este pueblo perdido en el siglo XIX, veremos que la fantasía es a una unidad homogénea; todos cortados con la misma tijera. Somos un pueblo simbiótico, confluente, que no es capaz de articularse como una sociedad heterogénea. Chávez es la muestra de esta lucha por estandarizarnos bajo una supuesta imagen de cómo deberíamos ser.

Para finalizar, si la gente empezara a abrir los ojos, no sólo se quitaría el peso de luchar contra la corriente; además empezaría a ver cuán compleja y maravillosa es nuestra historia:

  • ¿Estuvieron Bolivar y Sucre enamorados?
  • ¿Era José Antonio Ramos Sucre homosexual?
  • ¿Cómo se entrama la homosexualidad en la obra de Pedro Centeno Vallenilla y, a la vez, con la dictadura de Marcos Pérez Jimenez?
  • ¿Cómo han sido los matices de la aceptación del sexo entre hombres en la historia venezolana?

 

El que tenga ojos que vea, digo yo.

El que tenga ojos que vea, digo yo.

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