Derechos_LGBTI

En este mapa no se percibe cuan homofobica es la cultura venezolana y se nos coloca a la par de paises como Colombia, con un claro marco legal de derechos civiles para los sexodiversos.

 

A Eduardo.

A PROPÓSITO DE BORIS IZAGUIRRE EN EL MISS VENEZUELA

Debo confesar que me asombró muchísimo ver a Boris como animador del magno evento de la belleza (y solo belleza). Especialmente por que el día anterior lo había colocado como ejemplo de un gay que, como muchos, tuvo que irse del país para salirse del triste destino que su cultura le tenía reservado.

Ante esta aparición, obviamente, tuve que preguntarme ¿estaré equivocado? Pensando en esto surgió la siguiente reflexión:

Todos somos iguales… en teoría. En la práctica nuestra capacidad de acción, y nuestra habilidad para resistir los embates de quienes pretenden dominarnos varía de acuerdo a nuestra ubicación en el escenario social.

Aplicando esto al tema de los pocos gays fuera del closet que llevan vida pública en Venezuela, tenemos que reconocer que:

  • El Boris Izaguirre que apareció en el Miss Venezuela no es el mariquito periodista de antaño; es la celebridad de la noche en la televisión de España, el autor galardonado de varios libros y, entonces, la nota glamorosa para un evento en Venezuela. Boris no vive en el país, fue invitado (y seguramente bien pagado) para añadir eso que logró precisamente por irse de Venezuela.

Al respecto, los comentarios de quienes conocen su trayectoria giran alrededor de esto; su carisma, su estilo provocador. Para quienes no tienen ni idea del personaje, el comentario generalizado fue, “¡pero qué marico este tipo!”.

  • Otros gays, como Osmel Sousa, están en una posición en la que pueden evadir la descarga homofóbica que su tierra les brinda por ser autoempleados, o porque tienen alguna cualidad dificil de encontrar. En el caso de Osmel, se le “perdona” porque es, nada más y nada menos, el creador del único producto simbólico que exportamos (además del mito Chávez): la “belleza venezolana”.

¿En definitiva, los gays podremos ser famosos fuera del Miss Venezuela?

La verdad nunca me ha gustado hablar de mi vida personal, pero acá queda muy bien para entender cómo la cosa funciona distinto para los que andamos a pie. Hace unos años, “alguien” en el “lugar donde trabajaba” me comentaba de la existencia de unx transgénero en esta organización, de cómo vió que sus maletines se convertían en carteras y su cabello corto en una melena. Más adelante supe quien era ella; el que me echó el cuento resultó ser su jefe.

Esta misma persona, unos años después, cuando yo comencé a brillar (y estar cada vez más fuera del closet), me llamó para una “conversación amistosa” que resultó uno de los tantos encuentros bizarros por los que he pasado en virtud de mi identidad sexual. Nunca lo mencionó, directamente al menos, pero dió vueltas alrededor de lo que se decía de mí para, finalmente, amenazarme con sacarme, aún a costa de cambios estructurales en la organización (ya que no había ningún motivo para despedirme directamente). De repente, me convertí en alguien, aparentemente, muy amenazante.

¿Hubiese yo pasado por el mismo trago amargo de ser heterosexual? No. De hecho, todo el surrealismo del encuentro cobra sentido cuando pienso en que yo era, simplemente, un gay que estaba empezando a romper el estereotipo que se espera para los de “nuestra clase”. Ahora bien, ¿por qué yo y no ella?

  1. Para los que no conocen su historia, ella es una dama; encantadora, inteligentísima. Nadie sospecha de su identidad sexual hasta que ella lo revela.
  2. Lo más importante: ella tiene todo, literalmente todo, para armar un pleito legal de proporciones que esa organización, en particular, no quisiera tener que afrontar.

Sólo estos dos hechos son suficientes para que con ella funcione el “no preguntes, no lo digas”, aunque ella no lo esconda y, a veces, lo grite a los cuatro vientos. Fantástico, ella es una verdadera activista que defiende los derechos de la diversidad sexual.

Yo también, pero en aquel momento, por mi ubicación en el escenario social, había cosas que podía hacer, y otras que no. Ella y yo somos iguales: sí, en teoría.

¿Y cómo es que ahora no tengo pelos en la lengua? Ahora estoy en una posición privilegiada. Como Boris, me tuve que ir, precisamente por la homofobia que no me iba a seguir calando. Puedo decir lo que me venga en gana sin ser despedido, agredido verbal y físicamente o terminar como una de las víctimas de los crímenes de odio.

Ahora bien, lo que sí puedo reconocer es que deberíamos usar estos puntales. Boris Izaguirre y Osmel Sousa son ejemplos que ya comienzan a circular. Ya es hora, entonces, de comenzar a sistematizar el espacio de la diversidad en Venezuela; tener una historia, una memoria, y una presencia pública más alla del afeminamiento, los salones de belleza y el Miss Venezuela. Y para que esto tenga sentido, y futuro, no se nos puede olvidar, tenemos que seguir presionando para un marco legal para la igualdad de los derechos civiles. Que no lo tengamos es la mejor prueba de que, aún, somos tratados como ciudadanos de segunda clase.

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