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A Manu, que vive en la hiperrealidad, en el terrorismo

mediático que su líder usa para ser amado.

NOSOTROS, LOS MEDIEVALES

Durante la invasión española, por allá en el siglo XVI, una de las inquietudes que surgió del encuentro con los nativos de América fue la pregunta escolástica “¿Tienen los indios alma?”. A nosotros esto nos puede parecer absurdo. Sin embargo, esa era la manera de los invasores de articular una inquietud muy profunda, la de los límites de lo humano.

Así, una manera de parafrasear el problema sería “¿Qué son estos seres, similares, pero tan diferentes? ¿Cómo debemos tratarlos, como humanos?”. En términos estructurales, es la pregunta por la otredad, por esos que no son lo que nosotros somos y que, de vuelta, definen nuestra identidad. “Ellos son raros, nosotros podemos estar tranquilos”.

Cinco siglos después, y aunque la pregunta no se elabore de la misma manera, la cuestión de la identidad sigue sin ser resuelta por el pueblo venezolano. Seguimos interesados en reprimir esta pregunta reafirmando una identidad ficticia que sólo se sostiene a costa del sacrificio de un otro. ¿Quienes somos? Si le preguntamos a quien defiende a Chávez tendremos una respuesta muy distinta  a la que darían los quienes están en contra de él (y de lo que representa).

 

CHÁVEZ, EL MESÍAS

En este cuadro, completamente ajeno al mundo moderno y especialmente a la noción contemporánea de derechos humanos, aparece el esquema de nuestra crisis política, superficie de nuestro problema (no identificado) de identidad.

– ¿Quienes somos? “No somos esos oligargas”, dirán unos.

– ¿Quienes somos? “No somos esos marginales”, dirán los otros.

Y claro, lo que se desprende de esto, es el pan de cada día de lxs venezolanxs.

El asunto acá, es que los otros de la oposición, la supuesta horda, tiene una relación profunda y emocional con su líder. En este sentido, son una masa homogénea. Ellos en serio alucinan una cruzada épica, como la de Moisés saliendo de Egipto. ¿Por qué? entre otras cosas, porque los opositores -oposicionistas- han sido incapaces de reconocer que “esos” también son Venezuela (y, por tanto, tienen derecho a ser reconocidos, aunque sus bailes sean “salvajes”, aunque su léxico sea limitado – y disculpen que suene a Juan Vicente de Paúl cuando argumenta por qué hay que querer a los pobres).

De hecho, esa es Venezuela, si hablamos en términos de lo que predomina. Los apartamentos, un padre presente, educación secundaria completa por lo menos, entre otros atributos tan caros a lxs de “buena familia” son, en realidad, rarezas. La modernización de Venezuela, Chávez es la mejor prueba de ello, fracasó; la vida que alucinan muchos opositores es simplemente inviable en un pueblo con hambre física, mental, emocional y espiritual.

De manera pues que el líder habla, pero no  lo hace para los opositores, quienes perciben el mensaje como ridículo y absurdo cuando anuncia, una vez más, los planes de magnicidio. Estas historias fantásticas, de un sistema de inteligencia habilísimo para detectar, interceptar y desmontar atentados son el goce de ese pueblo que lo sigue como si del Mesías se tratara. No importa que la vida no esté garantizada, no importa que haya escasez de alimento y que los hospitales estén en crisis, existe la promesa de un más allá. (Creo que en parte habría que destacar la labor del clero durante todos estos siglos; es gracias a los efectos de la religión que el chavismo se sostiene).

¿Y quién es el salvaguarda de  esta promesa? “El comandante mesmo”. Sólo habría que ponerse, por un momento, en el lugar de esos desempoderados, para sentir el desespero ante la posibilidad de perder al máximo líder. Pero bueno, como la oposición no puede sentir empatía por “esos”, cabría para esta élite una aproximación más intelectual; vean como la gente lloraba desconsolada en los días de vacío constitucional/golpe de Estado.

En definitiva, seguiremos viendo anuncios de magnicido. Son necesarios para recordarle al pueblo lo “imprescindible” de Hugo Chávez.

Por cierto, un país dividido es el contexto del que surgen… ciudadanos divididos (of course, como diría Miss Amazonas). Chávez es sólo un hombre como cualquier otro y, como tal, está tan partido a la mitad como el país del que procede. De allí que sea capaz, cual Dr. Jekill y Mr. Hyde, de decir que ama y, a la vez, que declara la guerra; decir una cosa en Venezuela y otra en Irán, entre otras polaridades. Pero bueno, eso es tema para otro post.

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