diaspora personal

Ella debe sentirse muy sola en una España que superó la Edad Media, la dictadura de Franco, que tuvo su destape y que, para colmo, tiene un gobierno socialista que reconoce los derechos humanos y civiles de las minorías sexuales.

Este fin de verano se lamentaba de que los jóvenes tuvieran sexo y, por supuesto, citó cifras y datos de manera descontextualizada para defender sus creencias:

Dicen las estadísticas que son los cónyuges los que disfrutan de la sexualidad en mayor plenitud si cumplen el encargo eminente de posibilitar la generación. El sexo es para el hombre, no el hombre para el sexo, o así lo pensó Dios.

Por cierto, las estadísticas son sólo su herramienta retórica para convencer a un mundo que ha perdido el rumbo; ella sabe que sólo hay un libro de dónde puede sacarse la verdad. Sólo por eso usa ese conocimiento herético, apologético y, por ende, pecaminoso:

Los gays, atrincherados en Madrid, dieron rienda suelta a sus reivindicaciones, este año con tinte lésbico. La sodomía ha existido siempre, ya el Levítico advierte: «Ay del hombre que toma a otro hombre como si fuera una mujer» o el anticipo del Infierno que llovió sobre Sodoma y Gomorra bajo la mirada airada de Dios. Pero nunca como hoy es apoyada y exaltada por los medios de comunicación y por el poder legislativo. La homosexualidad se embute a la fuerza en los colegios y en el salón indefenso de nuestras casas y además, una vez al año mete mucho ruido bajo el signo del orgullo. Mientras, va dejando muertos a millones en el camino del SIDA, una pandemia incontrolable de ETS, un acortamiento sustancial en la vida media de los que la practican y un gasto sanitario desbordante: curioso orgullo.

Lisa la pasa mal. El mundo se ha sumido en una época oscura y pese a que insistentemente manda correos electrónicos a cuanta publicación virtual y cuanto periódico encuentra, nadie parece escuchar el mensaje. Ni siquiera cuando nos muestra de manera directa el meollo de nuestro problema:

La teoría de la evolución no es más que una teoría sin demostrar, consolidada por la ciencia como redefinición del hombre. La propuesta darwiniana suponía mutaciones al azar, cuando éstas desordenan el material genético, son dañinas y no mejoran las especies.

Lisa tiene una lucha, una misión, la de mostrarnos el camino verdadero, el de la salvación. Lo siente como un llamado del Espíritu Santo y, para no irse ella misma al infierno por no continuar su tarea evangelizadora, ha decidido partir a otras latitudes. Ella sabe que es en esas ciudades perdidas que debe hacer su apostolado, pero reconoce que su alma es débil y que antes que renunciar, es mejor buscar lugares menos inhóspitos. Ella tiene fe en el que Señor, en su retorno, será indulgente con ella. Él, que todo lo sabe, está más que consciente que ella es sólo una mujer y que, aunque como Juana de Arco, haya decidido ocupar un rol de hombre en el nombre de Dios, tiene un límite como costilla del otro.

De manera pues que Lisa ha partido como los judios al dejar Egigto, sintiéndose como Job dentro de la ballena. Ella considera que los países islámicos son una buena opción. El pensamiento de los radicales musulmanes le atrae muchísimo. De hecho, su artículo Burkas y top less se encuentra repetido 112 veces gracias a  todas las publicaciones que se la aceptaron. Una joya como esa debe publicarse una vez más:

Probablemente fue Julia Roberts interpretando a Erin Brockovich la que globalizó la moda, de mostrar los tirantes del sujetador fuera de la camiseta. Moda sobre moda, año tras año, se persigue la liquidación de la intimidad femenina. La tarea de cubrir a la mujer transita entre burkas y bikinis, y mientras se levantan voces contrarias al velo islámico, como arcaísmo religioso o símbolo de sometimiento de la mujer al varón, nadie protesta por la vestimenta de la mujer occidental. ¿Qué mayor sometimiento al macho que ilustrarle gratuitamente sobre los muslos, espaldas, ombligos y senos propios mientras se camina por la calle, motivando una exaltación sin precedentes de la lujuria masculina? Ni que decir tiene, que el espectáculo de las zonas costeras, en las que las mujeres plantan cara en topless al resignado resto del aforo playero,iniciativa que por su patente vulgaridad se guardan muy de mucho de representarla en su casa, resulta de vergüenza ajena.

Entre la burka y el exhibicionismo ramplón hay un término medio. ¿Mujeres o hembras? Nosotras decidimos.

Pero con los musulmanes hay un pequeño pero muy grave problema: se equivocaron de Dios y de profeta. Por eso, ni loca sacrifica su alma renegando de la única religión verdadera.

Tras el desencanto, es lógico que considerara Estados Unidos; allí sí se desafía “inteligentemente”, ese es el verbo que ella utiliza, el darwinismo que comenzó todo este desmadre. En este escenario hay sólo un pequeño problema técnico: Lisa no habla inglés.

Frente a esta encrucijada, ¿a dónde más iba a voltear Lisa?  Veámos, ¿dónde se da rienda suelta a las creencias premodernas? ¿Cuál es el único país de Latinoamérica donde se le cierra el paso de manera activa al reconocimiento de los derechos humanos y civiles de los sexodiversos? ¿Cuál es el único pueblo occidental atrapado en la búsqueda de una verdad absoluta como intento de solucionar sus problemas?

Pese al conflicto que reina en ese lugar y a que, de repente, la vean como a los invasores que hace más de cinco siglos trajeron La Palabra, Lisa vislumbra lo que parece ser la Tierra Prometida, ese lugar donde nacerá el hombre nuevo que para ella, por supuesto, es Cristo.

Pido a todos los venezolanos piadosos que le escribamos para darle la bienvenida:

juslis7@gmail.com

Lisa, has encontrado tu hogar. Te recibiremos como te mereces.

(Pueden ver la incursión de Lisa Justiniano en la prensa venezolana, así como mi respuesta como profesional ACÁ)

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