Al Obispo de Tenerife se le olvidan algunos “detalles” del asunto (vean sus comentarios acá):

Un sacerdote es triplemente poderoso frente a un menor porque:

  • Es adulto
  • Es del género masculino
  • Detenta el poder de la Iglesia

De manera que, aunque sea “seducido” por un menor (o por una mujer, o por quien sea), todo sacerdote es absolutamente responsable de sus acciones porque:

  • Se supone que conoce los límites de lo bueno y lo malo. Algo distinto en los niños y especialmente confuso en los púberes y adolescentes, quienes están encontrando su lugar en el mundo.
  • Se supone que ha tenido un entrenamiento para sublimar sus pulsiones sexuales y tiene supervisión espiritual de manera continua. ¿No son para la tradición católica mediadores entre Dios y su rebaño?
  • SE SUPONE QUE, POR NADA DEL MUNDO, ACTUA SUS PASIONES CARNALES, ¡POR DIOS!

¿Está este Obispo admitiendo todo lo que ya he sugerido antes, que no hay nadie más desordenado moralmente que un sacerdote católico? ¿Está reconociendo que tanta represión es absurda y que no es humanamente posible renunciar a la carnalidad? Peor aún, ¿está diciendo que la culpa es de las víctimas? ¡Vaya cinismo! Ahora resulta que los menores merecen el abuso porque “lo propician”. ¿Sabrá este Obispo que esa es la excusa clásica de los abusadores? “No, yo la violé porque ella traia una falda muy corta, fue su culpa”. Simplemente asqueroso, ya no queda más nada por decir.

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