A pesar de que los argumentos presentados en favor de esa expulsión son de grave importancia, esta corte juzga necesario considerar el bien de la Iglesia Universal además de el del demandante.

Cardenal Joseph Ratzinger

¿Por qué alguien habría de escandalizarse por la carta firmada por Ratzinger? ¡Es como asombrarse por la salida del closet de Ricky Martin!

Sólo hace falta recordar que Ratzinger era el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la misma dependencia que siglos antes se llamaba Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición. Prefecto, por supuesto, es el nombre del otrora Inquisidor.

¿Y qué hacían los inquisidores? Defender “el bien de la Iglesia Universal” (Vaya petulancia esto de Universal, por cierto). En los tiempos en los que se les permitía actuar impúnemente, sólo hacía falta un rumor para detener a alguien y hacerlo confesar bajo tortura. Si la víctima era inocente, no importaba si moría pues, así lo justificaban, “iría al cielo”. Todo por el bien de la iglesia católica y, específicamente, del poder de los hombres que la dirigen.

Creo que el gran error está en pensar que alguna vez la política vaticana dejó de ser sucia y que los papas, en algún momento de la historia dejaron de ser, como por arte de magia, las bestias ávidas de poder que siempre han sido. Solo hace falta leer la historia; tener memoria, sólo eso.

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