Seguimos en este via crucis con la iglesia católica. La mas reciente de las perlas es la pretensión del Vaticano de arrimar a los profesionales de la salud mental a su agenda política.

Para los que no lo saben, Tarcisio Bertone, el segundo a bordo en el Vaticano declaró hace poco:

“Han demostrado muchos sicólogos, muchos siquiatras, que no hay relación entre celibato y pedofilia. Pero muchos otros han demostrado, y me han dicho recientemente, que hay relación entre homosexualidad y pedofilia”.

Esta declaración, además de carecer de cualquier fundamento científico es, como diría un diputado español, repugnante pues:

– Invisibiliza a las niñas, víctimas frecuentes de los abusos sexuales (por encima, incluso, de los varones).

– Sostiene un estereotipo errado de los hombres gays (y por implicación de aquellos heterosexuales aquejados con la pedofilia) y

– Lo más grave de todo: en su dimensión política, esta declaración es un intento (desesperado, desde mi punto de vista) por sacar ventaja del drama interno del Vaticano, con miras a reforzar su batalla externa, esa cruzada casi personal que Ratzinger sostiene contra los hombres gays. Al proponer esta relación absurda entre pedofília y homosexualidad, el Vaticano intenta diluir su responsabilidad en todo este asunto. El abuso sexual en la infancia esta ligado directamente a una relación de poder donde una persona cercana y de confianza se aprovecha de su posición privilegiada para gozar del otro. Estas son las 3 claves del abuso sexual, las cuales se dan, de manera casi natural, en el encuentro entre un feligres, especialmente un(a) niñx, con un sacerdote.

Solo me resta decir que, ante este escenario, lo mejor que podemos hacer es romper el silencio y hacer prevención. Podemos comenzar con nuestros propixs hijxs y con nuestros clientes/pacientes. Recuerden que las 3 claves para prevenir el abuso sexual son:

1. Enseñar a los niños a llamar las cosas por su nombre (pene, vagina, entrepierna…)

2. Enseñarles que el contacto físico puede ser apropiado, inapropiado o confuso (y que casi todos los abusos sexuales durante la infancia proceden de contactos físicos que se sienten como confusos: “ven siéntate aquí” “vamos a hacer un juego” “no le digas a nadie”). Como nota práctica: si algo se siente como confuso es porque tiene un gran componente de inapropiado. La recomendación, especialmente para lxs niñxs y adolescentes, es: frente a una persona con poder lo mejor es, simplemente, huir.

3. Romper el silencio. Contarle a un adulto al que se le tenga confianza.

Nosotros como profesionales deberíamos tener presente la idea de justicia transformativa. Debemos mirar el panorama del abuso sexual en su complejidad, sin omitir la responsabilidad de los agentes, en este caso, el clero y la iglesia católica.

Por cierto, si alguien conoce las referencias que usa Tarcisio Bertone, déjenme saber. Me encantaria leer esos trabajos capaces de revolucionar los campos de la identidad sexual y el abuso de poder.

Termino diciendo que,a todas estas, hay un factor de riesgo para el abuso sexual que nadie nombra. Acá se los dejo: estar en una relación con un sacerdote católico.

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