Luego de la aprobación que el gobierno argentino hizo del matrimonio entre personas, sin importar su sexo, la nueva gran noticia en el avance de los derechos civiles de los sexodiversos es la inclusión de la Comisión Internacional de Derechos Humanos para Gays y Lesbianas (ILGHRC, por sus siglas en inglés) en el Consejo Económico y Social de la ONU (Ecosoc, por sus siglas en inglés) como asociación con carácter consultivo.

Lo interesante de la noticia, para los venezolanos, es que nuestro país fue uno de los 13 que se opuso a la inclusión. La resolución fue aprobada con mayoría de 23 votos, con 13 abstenciones, además de los 13 votos en contra. A diferencia de sus contrapartes latinoamericanas – Argentina, Brasil, Chile, Guatemala, Perú y Uruguay, los cuales dijeron sí – Venezuela optó por tomar la posición de países como China, Marruecos, Arabia Saudita y Rusia.

Hay mucho que puede señalarse al respecto, especialmente porque Venezuela ha firmado anteriormente otros tratados que ratifican la lucha contra la homofobia, como el tratado de Jakarta. Recordemos que la inclusión de la ILGHRC se hace, primero, porque la organización lo viene solicitando desde 2007 y, sobretodo, porque son pocas las organizaciones con énfasis en derechos de los sexodiversos con voz en la ONU.

Dejemos acá lo más obvio y lo más preocupante:

1. Como lo hemos dicho antes, la homofobia del gobierno “revolucionario” es clara y consistente. Se compone ya no solo de silencios, evasiones sino que, ahora, incluye una muestra franca y contundente de oposición y rechazo a la diversidad, especialmente la de tipo sexual.

2. En este sentido, y pese a los deseos Bloque Socialista Unido de Liberación Homosexual, es imposible defender cualquier idea acerca de un supuesto apoyo del gobierno al movimiento de los derechos civiles de los sexodiversos. El hecho es muy simple: es cierto que los gays “revolucionarios” harían cualquier cosa por ser considerados parte del chavismo. Sin embargo lo contrario no es cierto, los “revolucionarios” en su mayoría, no quieren saber nada de los gays. De manera que es posible pensar que, despues de todo, los gays revolucionarios están siendo usados como un modo de transmitir el virus chavista al colectivo LGBT quien, por lo demás ha intentado mantenerse al margen de la polarización que carcome al país.

Para poner ejemplos concretos: los gays chavistas son capaces de salir en televisión dando apoyo a la “revolución bolivariana”. No obstante, el gobierno que los usa es incapaz de dar siquiera el espacio para la discusión de los intereses específicos del grupo. Peor aún, es consistente en su tarea de cerrar la posibilidad a este diálogo.

Destaquemos acá la conveniencia de tener unos seguidores ciegos y sordos a la homofobia inherente al chavismo (odio que, está demás decirlo, es compartido por el grueso de la oposición): durante la celebración del orgullo, el pasado 4 de Julio, seguidores del gobierno cobraron un peaje de 10 BsF. “para luchar contra el imperialismo”. Ya sabemos que los fondos recaudados, de llegar a usarse en algo público, no tendrán nada que ver con la reivindicación de derechos de los sexodiversos.

Como en otras historias que conocemos, lo que el colectivo LGBT ganará apoyando el delirio de Hugo Chávez será, simplemente, el derecho a ser usado y abusado por la revolución, sin obtener a cambio ningún tipo de retribución salvo, por supuesto, la posibilidad de decir “yo también amo ciegamente a Hugo Chávez”.

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