¿Por qué Dios tendría que parecerse a un viejo neurótico? (yo hice la ilustración, por supuesto)

  • ¿Te sientes culpable cuando piensas en la masturbación?
  • ¿Te cuesta pensar libremente por miedo a ir más allá de “lo moral”?
  • ¿Tu cuerpo te parece impuro, especialmente “allá abajo”?
  • ¿Crees que sufrir está bien y que eso trae alguna recompensa?
  • ¿Tu relación con el dinero es ambivalente, es decir, te atrae pero no terminas de asumirlo?
  • ¿Sientes la compulsión de clasificar las personas en buenas o malas?
  • ¿Tienes miedo de algunos grupos sociales en particular?

Estas son algunas de las muchas preguntas que pueden hacerse para ver qué tan extendido está el efecto devastador del cristianismo en la mente de una persona.

¿Qué es?

El cristianismo consiste en:

  • Un conjunto de creencias, un esquema mental
  • Un conjunto de ritos o prácticas sociales para perpetuar este esquema mental

Como los virus, ha ido mutando y hoy en día existen diferentes “cepas”: católica, ortodoxa, evangélica, entre otras. Hay además “subcepas”. Por ejemplo dentro del catolicismo está la vertiente (psicótica) llamada renovación carismática, por un lado, y por el otro, la vertiente (perversa) conocida como Opus Dei. Cada subcepa genera efectos distintos, casi todos nocivos para la sociedad en general, y para los individuos en particular.

¿Adquirido o congénito?

El cristianismo se adquiere. Una familia contagiada por el cristianismo la transmite a las nuevas generaciones a través de atribuciones (v.g. como nosotros no hacemos esto tú no haces esto; como nosotros no pensamos aquello tú tienes prohibido pensar en aquello). Como los pequeños se encuentran en un período del desarrollo en el que simplemente reciben las descripciones que sus cuidadores hacen de ellos, crecen con una (des)representación de sí mismos, creyendo que el cristianismo es algo valioso y relativo al “ser”, a la identidad. Por cierto, el bautismo es solo una marca simbólica, aunque no bauticen al nuevo miembro, la familia transmitirá las creencias nocivas.

¿Cómo terminamos metidos en esta epidemia?

La respuesta sencilla es la “difusión en red”. De acuerdo a la tradición, doce contagiados salieron por el mundo desde el medio oriente, afectando a otros. Al principio el mundo luchaba por mantenerse limpio, pero un emperador romano se contagió y la cosa se volvió una pandemia. América Latina estuvo libre de cristianismo hasta 1492, cuando llegó con Colón. Entonces empezó a ser esparcida en oleadas violentas por la región. Hoy en día es una de las zonas más afectadas. Por cierto, mira el mapa: cristianismo y dificultades económicas van de la mano.

¿Hay tratamiento?

Sí, las terapias cognitivas postracionalistas – como la terapia narrativa – aportan técnicas útiles y valiosas para liberarse de este virus mental. Todas se centran en la idea de la deconstrucción, en hacer un listado de las creencias disfuncionales para luego cuestionarlas (por ejemplo, determinando a quienes convienen, que consecuencias traen, de quién es la voz que las enuncia, cómo afectan la vida de la persona).

La mejor manera de entender la libertad que siente una persona cuando se cura es mediante este aforismo de Nietzsche:

Os señalo las tres transformaciones del espíritu: la del espíritu en camello, la del camello en león, y la del león en niño.

Estas imágenes dan cuenta del proceso de liberación:

  • El camello es el que soporta la carga, el conjunto de creencias nocivas. De tanto peso, de tanto dolor, el camello dice ¡basta! Así aparece la segunda transformación.
  • El león es el que pone límites, el que dice ¡NO! El que se rebela y explora su verdadero self. Es activo en su propia defensa pues sabe de los peligros de volver a caer en las redes de esas jorobas. Cuando finalmente se siente autoafirmado ocurre la última transformación.
  • El niño es el que juega, el que se permite utilizar las creencias y los valores más allá del peso y los chantajes emocionales de las personas alrededor. Es completamente libre pues, en este caso, no es usado por el cristianismo. Una persona en este estadio usa al cristianismo (o cualquier conjunto de creencias que le haya sido impuesto).

En psicoterapia gestalt este proceso se conoce como digestión de introyectos. Las creencias provenientes del exterior son introyectos y nuestro deber existencial es digerirlas, tomar conciencia de los límites y de las consecuencias de lo que creemos para, al final, decidir por nosotros mismos; apropiarnos de nuestro ser, decidiendo qué creer y cómo creer.

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