A esta gatica la vengo siguiendo desde hace años. Con un colega filósofo llegamos a la conclusión de que su estrategia se basa en el kitsch, es decir, en permitirnos reposar en superficies que opacan las cualidades negativas de la vida. (Me pregunto cómo se entiende esto a la luz de El Nacimiento de la Tragedia de Nietzche, ¿llegará Kello Kitty a alcanzar el rango de representación apolínea?).

El caracter kitsch es más que evidente en este producto. Unas vulgares señoritas adquieren una nueva dimensión con el glaseado rosa y la estampa del controversial personaje. Debo confesar que el sabor a fresa le queda muy bien a estos palitos de harina.

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