Tigresa del Oriente (Ch.U. 2010). Acrílico y escarcha sobre papel lienzo.

Tienen una distancia de casi 3 años, están escritas desde geografías distintas y, sin embargo, ambas posturas fundamentan de manera filosófica la atracción que ejerce la Tigresa del Oriente, respondiendo a los insensatos que, obedeciendo al status quo, la critican. La más reciente es del filósofo Víctor García Ramírez (2011), la segunda de este servidor (2008). Si me lo preguntan, creo que ambas posturas se complementan, mostrándonos lo que, estando a la vista, está más allá de lo evidente.

Dejo acá lo que me parecen los párrafos centrales. Los invito a leer los artículos completos en sus respectivos sitios web.

LA TIGRESA: EXPRESIÓN CONTEMPORÁNEA

Y cómo no adorar a La Tigresa del Oriente, su presencia es un gran pedazo de “vida real”. Como cualquier tía, abuela, vecina cincuentona en cualquier fiesta latinoamericana canta, baila, declama, se arrastra dando bendiciones, jugando a la diva, sin importar la afinación, la rima, la estructura, la música, no el arte sino el sentimiento. Puro romanticismo, claro está: todo lo que pesa es la intención. Ella lleva un trozo de la vida familiar andina al escenario, pero sin maquillarlo ni edulcorarlo, sin acercarlo a ningún ideal, sino en su cruda potencia cuyo acto es mantenerse en estado de potencia, rompiendo con ello toda la vergüenza adolescente que genera la desvergüenza y la simplicidad de esos familiares con aspiraciones artísticas. Nos mete a todos en una fiesta de patio. Los que frente a Judith Bustos se burlan, los que no entienden, los que creen que se trata de un circo freak con malas intenciones simplemente ponen en evidencia sus vergüenzas, su incapacidad de ver la sencillez del mundo como parte de su mundo.

EL FOLKLORE PERUANO: UN ENIGMA LANZADO A LA CARA DE LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA

Hay algo desconcertante en los videos de las divas de youtube (La Tigresa del Oriente, Wendy Sulca, Melanie la burbujita del amor, por nombrar a las más conocidas). A primera vista, el común de la gente “educada” –“gente bien”, “cuicos”, “fresa”– siente repulsión por lo que catalogan como “de mal gusto”. Una mirada más atenta revela que lo que le parece horrible a la “burguesía latinoamericana”, si se me permite usar este anacronismo, es que la puesta en escena de este arte popular se resiste a seguir las pautas occidentales inoculadas bajo el proceso de modernización en las sociedades que van de México a la Patagonia. Para decirlo en corto, la crítica a estos videos es una forma de control social, intento de censura y sanción por parte de quienes ya se encuentran sometidos. (Acá escucho en mi cabeza a uno de mis profesores de Ciencias Sociales espetando palabras como neocolonialismo y subalternidad).

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