¿Qué es la filosofía, sino la posibilidad de pensar de otro modo? (parafraseo de un pensamiento de Michel Foucault)

En uno de los discursos de bienvenida a los nuevos estudiantes, el rector de la Universidad Católica Andrés Bello, Luis Ugalde, s.j., dijo unas palabras bastante acertadas para referirse a lo que se espera de los universitarios. La idea central era: si usted va a decir algo, como profesional, debe ser distinto a lo que puede decir cualquier persona que no haya venido a la universidad. Obviamente, continuaba, las opiniones de la gente pueden ser valiosas, pero se supone que uno estudia para ir más allá, para hablar con fundamento en argumentos y, de acuerdo a ciertas pretensiones, basándose en la búsqueda de “la verdad”.

Este mensaje vino a mi mente al leer el lamentable escrito de Teresa Marinovic quien, en un pasticho que mezcla opiniones personales y unos cuantos términos académicos, justifica un prejucio, el prejucio hacia los homosexuales. Lo curioso es que el escrito se presenta como el texto de una licenciada en filosofía. De allí mi asombro y el recuerdo de las sabias palabras de Luis Ugalde. Es algo que no deja de  impresionarme: profesionales que actuan como si el título fuese una licencia para convertir opiniones personales en conocimiento, antes que para elaborar descripciones más razonables del mundo que les rodea.

Vayamos por partes. Que Teresa escriba como lo hace atenta contra el principio mismo de la filosofía. Es de esas cuestiones básicas que se aprenden al comienzo de la carrera. Por allá en la antigua Grecia, unos hombres se propusieron buscar la verdad, y distinguir entre doxa –opinión–  y episteme -conocimiento verdadero. Este es, por así decirlo, el leiv motiv  lo largo de la historia de esta búsqueda por la sabiduría.

A partir de ahí, pues lo que viene es una colección de falacias, pseudoargumentos; conclusiones contundentes que parecen “lógicas” pero que, analizadas con detenimiento, resultan trampas del lenguaje.

1. ¿Anomalía? ¿Puede una licenciada en filosofía espetar esta palabra sin aclarar a qué se refiere? Anomalía se refiere a lo normal, pero cualquier profesional que se respete sabe que existen al menos 3 acepciones para este término (el promedio o norma estadística; el ajuste o la norma moral y esa derivación tramposa que hace equivalentes lo “sano” y lo normal). ¿Habrá esta licenciada estudiado algo de antropología filosófica? ¿A fin de cuentas, qué rayos es lo normal cuando se habla de la condición humana?

2. La ternura de las personas aquejadas de homofobia. Sí claro, ahora resulta que en Chile la gente se contiene de expresar la aversión por la diversidad sexual y Teresa, la cruzada del pensamiento filosófico, quiere sacarnos del velo de la ignorancia. Para eso habría que operar justamente al revés de cómo lo hace ella. Habría que usar la razón y derivar de la lógica la conclusión que sea. Lo contrario, empezar por el prejucio y desperdiciar el espacio del pensamiento en justificarlo espuriamente, es lo que hace cualquiera que no haya ido a la universidad (y, lamentablemente, muchos universitarios como Teresa).

3. La homofobia no es una fobia. Teresa dice “Es que la sociedad le ha acostumbrado a pensar que cualquier cuestionamiento crítico a la homosexualidad es manifestación inequívoca de una fobia”. ¿De verdad la sociedad es tan abierta como lo plantea nuestra filósofa en cuestión? No, no lo es. Por eso los movimientos LGBT enfatizan en el uso de la palabra homofobia pero ¡alerta! ¿conoce Teresa la historia de este término? ¿sabe que no es una fobia sino, más bien, una actitud negativa hacia la homosexualidad, un prejuicio? ¿Sabrá que el término es desafortunado, que está incluso mal construido (homo: similar; phobos: miedo; homofobia: miedo a lo similar). No, no lo sabe y se arma su propia fantasía acerca de quién y cómo lo usa. Es un término del lenguaje común que se refiere al odio, sí al odio hacia los sexodiversos. Ese odio que traspira entre líneas en el texto aludido y que pretende colarse como pensamiento racional.

4. Ignorante, no católica ni ultraconservadora. Así las cosas, y apenas vamos por el tercer párrafo de la “propuesta” de Teresa, lo único que se percibe hasta ahora, más que ideología o adoctrinamiento, es falta de información, carencia de lo básico para sostener la supuesta tesis que se intenta defender.

5. Atrapada en sus fantasías de lavandera. Con el perdón de las lavanderas, uso la imagen para referirme a lo que pasa cuando uno se queda a solas consigo mismo, dejando que la mente desvaríe sin ton ni son; como cuando en el río, en la compañía del agua, la ropa y el jabón, uno ocupa la mente en escenarios posibles, lejos de la realidad concreta. En sus palabras (y nada de lecturas filosóficas):

Cuando un niño evidencie tener una inclinación homosexual, usted no hará ninguna consulta. Asumirá que se trata de una cuestión de fábrica frente a lo que no hay nada que hacer.

Creo que esta pensadora de la sexualidad no ha leído nada sobre sexualidad o, en todo caso, ha leído la contratapa de ciertos libros de metodología dudosa y cuestionable. Teresa no sabe que las terapias para “revertir el asunto” son iatrogénicas y que causan más daño que el que pretenden “reparar”; que las asociaciones de salud mental serias se oponen activamente a su uso (aunque Teresa las defienda en su blog). Por cierto ¿habrá leído “la cuestión homosexual” de Didier Eribon, filósofo francés? ¿o se fundamenta en las noticias que publica la National Association of Research and Therapy of Homosexuality (la nefasta NARTH)?

6. La falacia de las cifras o qué fue primero. Leo la parte de las cifras (70% de infidelidad en parejas del mismo sexo); sombrero, varita mágica y conejo. ¿Escupir cifras sin cuestionar la metodología, sin siquiera preguntarse por el trasfondo del que se derivan? ¿qué clase de licenciada en filosofía hace esto? Una no muy dada a la reflexión, ciertamente. ¿Es la infidelidad la causa del prejucio o, más bien, la consecuencia de limitar la expresión erótico-afectiva entre personas del mismo sexo? La cosa desborda los límites de este escrito y se inscribe en una discusión filosófica, eterna, que Teresa parece no conocer, justo esa por la que Sócrates fue condenado, injustamente. Si seguimos la lógica de Teresa, diremos como muchos racistas en Estados Unidos: “los negros son inferiores, son biológicamente defectuosos pues mueren de fallos cardíacos; más que cualquier blanco anglosajón”. En estas píldoras de sabiduría de caja de jabón, nada importan las variables intervinientes, que los negros, como los gays, son marginados y que por eso, en el caso de los negros, su dieta es mala, llena de grasas y comida rápida, no importa. El asunto es sencillo, y se condensa en una cifra estadística. ¡Ah, lo normal, claro!

Puedes repetirlo hasta el cansancio Teresa y, aún así, sigue siendo una falacia eso de la anomalía.

Respecto a su segunda idea,

El segundo es que el matrimonio gay no es un derecho igualitario sino la pretensión de llevar las preferencias sexuales al ámbito legal, cuestión que solo accidentalmente está presente en ese ámbito por el hecho indiscutible de que los hijos nacen de uniones heterosexuales. El matrimonio no es ni ha sido nunca, nada parecido a una bendición estatal a las inclinaciones sexuales del individuo, sino simplemente una forma en que el Estado pretende darle estabilidad a aquella relación de la que surgen los hijos.

Demasiado pasticho para analizarlo en lo que queda de este post. Con-fusión, muchas ideas dispares, disparatadas, aglutinadas en un mismo lugar. Reprobada no sólo en historia de la filosofía, antropología filosófica, lógica, ciencias sociales, sino también en pensamiento político.

En definitiva, podemos incluir a Teresa en la misma categoría de las otras “cuestionadoras” de la lucha por los derechos de los sexodiversos. Como Marianita, y todas las de su estirpe, Teresa quiere ser escuchada; ¡pero no dice nada original! Para qué leer el mismo despliegue epiléptico de lugares comunes, ese disco rayado, que no aporta nada nuevo, sino que se contenta con repetir y repetir (¿en un esfuerzo por hacernos creer que la repetición es el fundamento de la verdad?). Esta queja es particularmente relevante si firmamos un artículo escudándonos en un título universitario, especialmente de esa forma presuntamente excelsa del pensamiento, la filosofía.

Por escritos como el de Teresa es que machistas como Heidegger dicen “las mujeres son seres de pelo largo e ideas cortas”. Mmm… mismo tipo de falacia (generalización a todas las mujeres, omisión de las mujeres brillantes y distorsión de lo que es una definición)… ¿Estará Teresa atrapada en cierto tipo de “filosofía”?

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