LLUVIA DE ESCUPITAJOS

No podemos cambiarlos. Están tan tomados por el discurso que encarna Ratzinger que sólo nos queda sentir compasión – perdonarlos porque, a fin de cuentas, no saben lo que hacen. De hecho, podría decirse que ellos no son los que hablan, pues personas que sólo atinan a repetir lugares comunes (“un niño necesita un papá y una mamá”), y frases prehechas que resultan huecas (“esto es una crisis de valores”), sólo son instrumentos que canalizan ese discurso al que hago referencia. Resultan títeres de ese sistema opresivo que tiene su sede en el Vaticano. Por eso son tan predecibles, porque su mente estrecha no da para nada parecido al libre pensamiento. Para muestra un botón, el artículo de María Denisse Fanianos de Capriles; un corta y pega de otro relato estereotipado. Así es el pensamiento de los católicos que siguen a pie y juntillas a Ratzinger, un corta y pega infinito de la misma fantasía, mitos desfasados de la realidad social. ¿Y para qué realidad social, si lo que esperan con ansias es el premio del más allá por haber sino niños buenos?

Claro a veces algunos se ponen creativos, como Oswaldo Pulgar Pérez, y entonces comienzan a mezclar la gimnasia con la magnesia, demostrando que de lo que se trata NO es de la coherencia lógica o argumentativa, sino de usar la retórica para ganar adeptos en una causa que es, por encima de todo, emocional; basada en el miedo a la diferencia, en la rabia que genera que el mundo no se comporte como lo aprendieron en sus libritos de catecismo.

Para que vean a lo que me refiero, noten como se sugiere que el “homosexualismo” –homosexualidad es una palabra muy reciente para ellos-, es una enfermedad:

Hay que aclarar que la Iglesia Católica no censura a los homosexuales, sino al homosexualismo, que no es lo mismo. Un asunto es el error, otra la persona que yerra. Tanto es así, que la Iglesia tiene una pastoral -o estrategia de atención-, para lograr que esas personas no se alejen de Dios. Cualquier católico actuaría mal si discriminara o tratara mal a los homosexuales por su condición.
El asunto cambia bastante cuando se trata del aborto. Aquí lo que está en juego es una vida humana, no una enfermedad por grave que pueda parecer. El problema del aborto no es religioso sino moral. Le estamos quitando al nonato su derecho a vivir. Ponemos por delante el deseo de unas personas, por encima de un derecho humano.

Mi estimado Oswaldo, dígame qué necesita para entender que la sexualidad es compleja y que los católicos sólo tienen una visión -no la única, y ni siquiera la mejor- que debe  (se que a los de su tribu les encanta esta palabrita) convivir con las otras opciones de vida que existen. Dígame qué necesita para entender esto que es básico – que Estado e Iglesia deben estar separados y que los católicos, desde hace siglos, ya no tienen el monopolio de la dominación. Dígamelo y luego podemos hablar de los siguientes puntos:

– La homosexualidad no se considera enfermedad. La fulana pastoral la define como “trastorno moral”. Para los católicos la conducta homosexual es un trastorno moral -lo que sea que eso signifique-. No pretenda vendernos una idea que no tiene base científica; ¡no pretenda regular una sociedad compleja y diversa desde su visión estrecha del mundo!

– Por cierto, esa pastoral es un bodrio que no tiene ni pies ni cabeza, . ¿La ha leído? La escribió el desubicado de Ratzinger y comienza pidiendo a la ciencia que lo apoye.  ¡Pobre Ratzinger!, la ciencia no lo apoya, y por eso pone la cómica con sus impertinencias; por ejemplo, decir en una conferencia mundial sobre medio ambiente que los gays “atentan contra la creación”. De repente él sabe que a la comunidad gay se le dice “el ambiente”. De repente se confundió; de repente él está mas cerca del mundo gay que yo; de repente por eso su obsesión; de repente tantas cosas… El punto: ciencia, religión y el manejo de la sociedad no necesariamente pueden mezclarse, no sin el ejercicio de la política. ¡Así que no quiera vendernos la idea de que la religión debe regular el cuerpo de todos los ciudadanos!

MÍRENSE EN SU PROPIO ESPEJO Y RECIBAN SUS ESCUPITAJOS

Sentir compasión, espero haya quedado claro con mi comentario, no significa poner la otra mejilla. Mucho menos frente a personajes que distan mucho de las enseñanzas de Cristo, los cuales prefieren alinearse con la agenda política -para nada espiritual- de Ratzinger.

No podemos cambiarlos. Son obtusos y testarudos. Pero podemos hacerles frente, plantarnos con los pies en la tierra, con argumentos, con política y ponerlos en su sitio. Sitiarlos. Hacer lo mismo que hizo Italia cuando conquistó Roma, en 1861, sacando de la escena política a Pío IX. Entender este capítulo de la historia nos permitirá entender de qué se trata todo este alboroto que arman las aves agoreras del catolicismo. Como el cretino de Pío IX comienzan a decir que son prisioneros, sólo porque han perdido el privilegio de abusar de los demás.

¡Con que facilidad se encasilla a los gays de carne y hueso en los mitos que algunos católicos tienen acerca de la diversidad sexual! ¡Con qué facilidad nos insultan con prejucios y preconceptos que sólo tienen base en la actividad masturbatoria de su cerebro, resultado de su imposibilidad para el diálogo y el entendimiento!

Ahora me pregunto yo, si los gays son enfermos sexuales, ¿eso significa que todas las mujeres católicas son frígidas? ¿Sí los gays carecen de la sensibilidad para ser padres, significa que todos los cristianos son buenos por naturaleza? Si por mitos vamos a dejarnos llevar, tenemos que meter presos a todos los “curas pedófilos” lo cual, por cierto, hasta sería una buena política pública en favor de los niños.

Así las cosas, hay mucha tela que cortar, mucho que discutir y conversar para lograr una sociedad mas justa. Creo que en su estrechez mental, estos católicos que tienen la osadía de escribir -o simplemente copiar y pegar- están haciéndose más daño a sí mismos que al colectivo LGBT. Los pobres tienen mucho que leer y mucho que aprender, antes de estar a la altura de la conversación que los sexodiversos podemos dar, que estamos dando y que vamos a seguir transformando en acciones concretas para el reconocimiento de nuestros derechos humanos y civiles. Y quizás es hora de que se enteren; traemos una buena nueva, esa que se inició con la Modernidad: el individuo es libre y puede hacer con su cuerpo lo que mejor le plazca.

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