Aclaremos un par de términos antes de descargarnos a la Osmel.

  • Tranfor: venezolanismo peyorativo para a referirse a las mujeres transgéneros que, como consecuencia de la discriminación, ejercen como trabajadoras sexuales en las calles (v.g. los tranfor de la libertador). Por extensión (léase ignorancia) se aplica a todo hombre que se vista de mujer, omitiendo la razón por la cual se trasviste (para representar a una cantante femenina – artistas fonomímicos-, para excitarse sexualmente – transvestis fetichistas-, o como expresión de culto a personajes del manga o animé – cosplay, entre muchas otras razones).
  • Transfobia: la actitud negativa o prejuicio del que surge el rechazo y la discriminación hacia las personas transgéneros, aquellos individuos cuya identidad de género es discordante con el sexo genital.

SE PERDIERON ESOS REALES

Y de pronto, como cuando se rasga un almohadón de plumas, la ignorancia transfóbica de Osmel Sousa sale a la luz. Puede que sepa mucho de la estética drag; puede que, a través de su concurso, haya logrado imponer esos códigos de showcera a la mujer venezolana, creando la tiranía de las lolas postizas, la bemba explotá’ y las cejas estiradas al punto de casi tocar la línea del cabello (bien batido, por supuesto).

Pero no nos confundamos. Que el Miss Venezuela sea una oda al exceso kitsch que caracteriza a las Drag Queens; que ese montón de lentejuelas y escarcha sea culto para la comunidad gay, no significa que “El Magno Evento de la Belleza”, como se le llama al circo, sea un espacio abierto a la diversidad sexual. De hecho la desconoce, y repite el mismo doble discurso que observamos a lo largo y ancho de la sociedad venezolana. Déjalos que sospechen, que murmuren… pero que nunca sepan… Así parece circular la obviedad de lo gay – del concurso, de Osmel-, la cual queda opacada como el traje nuevo del emperador en aquel cuento famoso de Andersen.

De manera que, con su pelo bien teñido, sus cejas bien sacadas y probablemente con botox y uno que otro implante en la cara, Osmel nos dice que la participación de transgéneros no ocurrirá en el país, al menos en el corto plazo.

DERECHOS LGBT FOR DUMMIES (O LO QUE OSMEL NO SABE)

Lo que más resalta de esta declaración – bastante predecible, por cierto- son las razones esgrimidas.

Así,

“Eso fue un permiso que se dio Canadá por su modo de vida”

¿Pero de qué hablas? ¿Un permiso? ¿Qué clase de burrada estás diciendo? Canadá se precia del respeto a los derechos humanos. Es, podría decirse, la característica central que estructura su sociedad. De manera que no es un permiso; es la consecuencia de tener los derechos LGBT más avanzados de las Américas. Vamos por partes, para que se entienda. Primero que todo, en Canadá está prohibido, por ley, discriminar a los transgéneros – antes, durante o después de su tránsito hacia la identidad de género sentida.

Segundo, la identidad de género sentida (distinto del sexo genital) es reconocida como la identidad sexual de la persona. Así, puede que haya nacido con un pene; pero si su identidad de género es de mujer, pues es mujer; mujer transgénero, para más señas. En resumen, la inclusión de transgéneros a la sociedad sigue su curso, incluyendo a los concursos de belleza. (Por cierto loca, ¿te das cuenta que con tu comentario eres cómplice de la sociedad que condena a las transgéneros al trabajo sexual? Te informo que no lo hacen por gusto. Así como tú les cierras las puertas, se las cierran los empleadores, el colegio y, por supuesto, la familia, al negarles el apoyo que tanto necesitan).

Con esto podemos abordar la segunda burrada:

“Me parece una falta de respeto con la mujer venezolana”

Con esta frasecita, la Osmel no hace sino reforzar los mitos acerca de las mujeres transgéneros (y la posición subordinada de las mujeres, quienes se someten a las operaciones “requeridas” para alcanzar el estandar de la belleza tranfor). Osmel obvia que las mujeres transgéneros son tan mujeres como las que tienen vagina (de hecho algunas hasta tienen vagina). No es posible creer que Osmel no sepa que las mujeres transgéneros son muy distintas de las Drag Queens (¿será por eso que no las acepta, porque traerían un poco de glamour comedido al exceso de su concurso?)

Ahora la guinda de la torta:

“Si se aceptara (a una mujer transgénero), tendría que aceptar a una mujer en el Mr. Venezuela”

Honestamente creo que el exceso de laca ha surtido su efecto neurotóxico en Osmel. El pobre no distingue entre sexo genital, género e identidad sexual. Lo cual puede explicar por qué las mujeres del Miss Venezuela parecen tranfors y por qué el Mister Venezuela no es un concurso para hombres heterosexuales. Una dicotomía que en apariencia esencializa al género (v.g. sólo hay dos sexos, hombres con pene y mujeres con vagina) pero que es, en definitiva, la fachada que esconde los vericuetos de la sexualidad humana (¡no, pene y vagina no son complementarios!).

MI POBRE VENEZUELA

Sólo en algo parece tener razón Osmel:

“La sociedad venezolana es muy sencilla y cristiana”

Sí, tan sencilla y cristiana como él; mantilla blanca sobre la cabeza y gesto compungido mientras se come la hostia de la hipocresía. Esa es la misma fachada que esconde la oscuridad que llevamos por dentro y que se le sale a los hombres (bien casados y heterosexuales) cada vez que van a un baño público y chancean con el que está en el urinario de al lado; el mismo doble discurso; la misma pacatería hipócrita.

No se aceptarán mujeres transgéneros en el Miss Venezuela y la razón es simple: es un concurso para que las mujeres se conviertan en tranfors.

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