Evelyn Hooker (1907-1996), una de las primeras psicólogas en mostrar el sesgo de los profesionales de la salud mental a la hora de evaluar a los homosexuales

Mañana se celebra el Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia. Su origen se remonta al año 2003, cuando la Fondation Émergence (Fundación Emergencia) inició la celebración en la provincia de Quebec, Canadá. Con la participación de otros actores, este día nacional se extendió a Francia y a Bélgica, siendo hoy en día una iniciativa internacional.

El 17 de Mayo es una fecha simbólica, pues ese día, en 1990, la Organización Mundial de la Salud descontinuó el uso de la etiqueta ‘homosexualidad’ como enfermedad mental. De allí que se haya elegido este día.

Por cierto, ya en 1973 se había removido esta etiqueta del DSM, el manual diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría. De manera que, en la actualidad, es simplemente anacrónico (y carente de sustento) el pretender que la homosexualidad sea un trastorno de la conducta, emocional o mental. La evidencia empírica, simplemente, no lo sustenta. Así lo reconocen las organizaciones de la salud mental más importantes del mundo. Dichas asociaciones gremiales, reconociendo la existencia de la opresión hacia los gays (y las lesbianas, los bisexuales y los transexuales), han hecho declaraciones explícitas donde se aclara la normalidad de las variantes sexuales tanto como se rechaza el uso de las terapias de conversión (esos procedimientos que mezclan religión y psicología barata en un intento por modificar la orientación sexual).

En Venezuela, debido al peso de la homofobia en la cultura, no ha sido posible que las asociaciones de la salud mental se pronuncien de manera explícita en contra de la homofobia o, por lo menos, la patologización (absurda y prejuiciosa) de la diversidad sexual. Ha existido, al menos, una petición acerca de este pronunciamiento, a propósito de la celebración día Internacional de la Lucha contra la Homofobia en el año 2009.

Dicha sea la verdad, los profesionales de la salud mental se escudan en el silencio, tanto en el plano gremial como en el individual, para ahorrarse el roce incómodo con una sociedad que valora negativamente a la diversidad sexual. Así pues, nos encontramos por un lado, con psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas que aún identificándose como parte del colectivo LGBT temen salir del closet, por temor al ostracismo y el aislamiento profesional (este hecho es particularmente cierto en algunos de los centros de formación psicoanalítica tradicional donde se les cierra el paso etiquetándolos, anacrónicamente, como ‘perversos’) . En el otro extremo se encuentran los psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas que, anteponiendo sus creencias personales al estado del arte de su disciplina, emiten enunciados patologizantes de la diversidad sexual que no pasan de ser opiniones personales disfrazadas de profesionales; un lobo con piel de cordero.

Entre ambos extremos, nos encontramos con el grueso de profesionales de la salud mental, quienes carecen del entrenamiento específico para tener una opinión fundamentada de lo que es la diversidad sexual como fenómeno humano. La estridencia de esta ignorancia llega incluso a muchos sexólogos quienes confundiendo peras y manzanas llegan a decir “no es una enfermedad pero se puede desaprender/curar”. Los manejos adecuados, entonces, surgen como iniciativas personales, basadas más que todo en la apertura mental de algunos profesionales quienes, en comparación con el colectivo, representan una minoría.

Mañana se celebra el Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia. Es un buen día para recordar que en en el mundo en general, y en Venezuela en partícular, aún queda mucho por hacer.

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