No me interesa quedarme con este comentario (mucho menos dejarlo pasar). Tampoco me voy a enganchar en ningún tipo de intercambio con su autor. A fin de cuentas, esa la intención del troll; lanzar su veneno y disfrutar si la presa pica.

Entonces ¿cómo salir del predicamento? Creo que, en este caso, haciendo algo útil para la comunidad.

Este correo electrónico que recibí nos recuerda que:

1. La comunicación tiene límites. Con gente obtusa llega un punto en el que, simplemente, no hay diálogo posible: “no necesito contestación, ya que no me van a hacer cambiar de idea”.

2. Por supuesto, cada quien tiene derecho a creer en lo que quiera, aunque vaya en contra del conocimiento establecido e, incluso, contra el principio de realidad: “El homosexual es una aberración de la naturaleza, es una persona defectuosa, es una persona enferma, es algo que va en contra de las Leyes Naturales.

3. Pero como dice el lugar común: la libertad de uno termina donde comienzan los derechos de los demás. Así que he aquí el punto crucial: tenemos que seguir trabajando arduamente para que el pensamiento idiota de gente miserable se mantenga a raya, fuera del ámbito social. Necesitamos marcos legales para acorralar y dejar sin efecto las pretensiones opresivas de pequeños grupos que no saben convivir con la diversidad que caracteriza a la naturaleza, en general, y a los seres humanos en particular.

4. Es ahí donde falla el razonamiento de los conservadores a ultranza: pretenden que todos vivamos de acuerdo a sus designios estrechos; que seamos codependientes de su discapacidad cognitiva y emocional, con su incapacidad para la apertura. Por eso no podemos dejar pasar este tipo de comentarios. Tampoco tenemos que engancharnos en diálogo. Sólo necesitamos tomar nota y actuar en el nivel correspondiente, a saber, el de la arena política y social.

Estimado José Miguel, muchas gracias por el recordatorio.

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