LAS FORMAS DE LA HOMOFOBIA (2 de 4)

En el post anterior les describía la forma psicótica de la homofobia, donde la estructura del sujeto no es lo suficientemente estable para contener las pulsiones. Como consecuencia de esta escisión entre lo simbólico y lo real, incapaces de entrelazarse, esas pulsiones aparecen proyectadas en un Otro que resulta terrorífico y aterrorizante. El delirio sería, entonces, el relato que da cuenta de esta dinámica. Por eso la homofobia psicótica es siempre acerca de fantasías relativas a cómo los gays podrían destruir al mundo y cómo, entonces, deberían ser contenidos o exterminados.

Ahora vamos a continuar con una de las formas neuróticas de la homofobia. A mi entender, esta sería la más extendida, lo cual tiene sentido si pensamos en cuán narcisista ha devenido la sociedad contemporánea.

LA HOMOFOBIA COMO LA AMBIVALENCIA DEL DESEO

Ricardo es un estudiante que, a la vez, trabaja como asistente de investigación para uno de los profesores de la universidad. Es alto, corpulento, masculino y se define como heterosexual. Lo han puesto a transcribir unas entrevistas que narran el proceso de salir del closet en gays de distintas edades. La tarea es sencilla, escuchar unos audios y ponerlos por escrito. A los pocos días, Ricardo le pide a su jefe que lo exonere de la tarea. El muchacho luce obviamente descompuesto y la razón que da es la siguiente: “no puedo hacerlo, ahora voy en el metro y siento que todos los hombres me miran”.

Una madre le comenta a su hijo, cuando en la película que ven dos mujeres se dan un beso apasionado: “no puedo aceptar a las lesbianas, a mi me daría asco tener sexo con una mujer”.

Estos ejemplos sacados de la vida real, tienen mucho en común. Noten como lo primero que se desliza es la autoinvitación. El ambiente gay se ha desarrollado como un mundo paralelo a la sociedad heterosexual pero por alguna razón, nuestros personajes se imaginan ya metidos allí o mejor dicho, rodeados por eso. Lo curioso no es sólo que se autoinvitan a la fiesta, sino que lo hacen para sentirse vejados y abusados; violados. Esta fantasía, por cierto, se cuela en infinitas situaciones cotidianas; en el hombre que le dice a la novia que no va a ir a esa disco gay porque lo van a tocar sin su permiso; en el amigo hetero que rechaza a su amigo cuando este sale del closet “porque seguro me ha morboseado”… Fíjense como, frente a los gays, los más machos se convierten en macho-jevas; macho-doncellas indefensas frente a un gay imaginado como un seductor poderoso que puede convertir a cualquiera. Justine frente a Sade o la monja de convento medieval luchando para no ser poseída por el demonio.

Es esta fantasía la que se manifiesta también cuando los padres les dicen a los hijos que los gays son “malas juntas”. Es la mentira que se dice la madre de un ex que tuve quien pensaba que yo, con mis poderes psicológicos, había pervertido a su hijo (el cual por cierto de indefenso no tenía un pelo y quien, de paso, resultó con aficiones que me hicieron salir corriendo).

Es también la fantasía que queda opacada en las “razones” que dan algunos homofóbicos para no aprobar derechos civiles para la población LGBT: “¿qué va a pasar con la procreación de la especie?, si los gays tienen derechos la gente va a querer ser gay”. Esta es la clave de la homofobia como deseo, a saber, que estos homofobicos están hablando, en realidad, de las dudas en torno a su propia sexualidad. Su identidad como heterosexuales resulta una identificación inestable que se tambalea frente a la presión de pulsiones reprimidas. Si en la homofobia psicótica la pulsión está desencadenada, en la homofobia neurótica la pulsión ha sido contenida por lo simbólico, pero no por eso ha sido apaciguada o domesticada por completo. Siempre queda un excedente, del cual resulta un goce, en este caso centrado en la ambivalencia: soy hetero, pero podría ser seducido por mi mismo sexo y, sobretodo, podría sucumbir. Este sería el contenido central de la fantasía homofóbico-histérica.

Atención, no es que esto vaya a ocurrir necesariamente. El punto crucial está en el ‘podría‘; en colocarse en esa situación atormentante; en mantener el deseo mediante la insatisfacción de ese deseo. Al final en esto consiste el goce, en el placer que resulta del displacer de hacer algo que no se disfruta.

Creo que con ese marco debemos leer esa investigación que muestra que a mayor homofobia mayor excitación homosexual. La turgencia del pene estaría dando cuenta de esta turbulencia interna la cual no es, necesariamente, las ganas de tener sexo con el mismo sexo. Resulta simplista esa hipótesis gay de que todos son gays hasta que se demuestre lo contrario, o de que la homofobia, simplemente, encubre a un homosexual reprimido.

La sexualidad es un fenómeno complejo, condicionado por muchos factores que escapan al control de la conciencia humana. Por encima de todo, la sexualidad es inestable e incluso fluida; sigue los vericuetos de la libido, la cual es mucho más poderosa que cualquier dique que intente contenerla.

Quiero finalizar diciendo que la mejor respuesta contra la homofobia histérica es la autorreflexión. Con esto no me refiero a pedirle a los homofóbicos empiecen a hacerse cargo de sus fantasías (no soy tan iluso como para dejar el primer paso a quienes ni siquiera tienen conciencia de enfermedad). La autorreflexión empieza por el colectivo LGBT que, una vez consciente de esta dinámica, podría devolver las preguntas de manera invertida. Quiero que noten que la mejor respuesta a este tipo de homofobia es la interrogación o el señalamiento a la dinámica: ¡ah, entonces un gay podría seducirte!, ¿me estás diciendo que si se aprueba el matrimonio gay considerarías casarte con alguien de tu mismo sexo?… Los gays hemos desarrollado un sentido del humor agudo y un cinismo refinado. Es hora de usarlo para fines constructivos, atizando a estos histéricos para que se hagan cargo de ese equipaje que no reconocen como propio.

LAS FORMAS DE LA HOMOFOBIA (1 de 4)

La homofobia ha sido un término que ha ayudado a reconocer y dar forma a la violencia contra los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. Sin embargo, en este momento de la historia resulta un concepto que oscurece mucho de lo que intenta aclarar. Por eso es que en lo que sigue me propongo abrir esa caja de Pandora llamada homofobia, para dar cuenta de las complejidades de este fenómeno. Los versados en psicoanálisis reconocerán que uso el aparato teórico de Lacan para mostrar las formas subjetivas que la homofobia puede tomar, tanto como los lazos sociales que se estructuran desde cada posición subjetiva posible.

1. LA HOMOFOBIA COMO DELIRIO

Los seres humanos somos organismos traspasados por la palabra. El lenguaje nos constituye creando ese regalo/maldición que da forma a nuestra existencia. Por un lado, no podemos humanizarnos sin el lenguaje; por el otro, el lenguaje estructura una situación imposible de resolver: la de dar cuenta con palabras de una pulsionalidad que rebasa cualquier intento por categorizarla. Al final resulta que estamos bordeando algo escurridizo para las redes de lo simbólico. Emerge la sustancia propia de lo humano, el goce, y lo padecemos o, con un poco de suerte y psicoanálisis, nos movemos al punto de gozar su desciframiento.

Así pues, entramos en el lenguaje y el lenguaje entra en nosotros. El asunto es que hay varios tipos posibles de relación entre cada individuo y ese Otro, de las cuales resultan distintas posiciones subjetivas. Maldita historia, maldita finitud. La teoría es compleja, pero vamos a tomar acá los elementos esenciales para mostrar cómo de esta relación se derivan diversas formas de la homofobia.

Comencemos por la situación anómala de la falla; cuando el lenguaje no logra penetrar completamente la carne. La persona aprende a hablar, claro, pero hay una pieza faltante que hace al sujeto inestable. El individuo puede pensarse pero hay un corto circuito que permite a la pulsionalidad andar de su cuenta. Lo real del cuerpo se presenta así de manera desnuda y, sobretodo autónoma. Entonces, dependiendo de las circunstancias, la psicosis puede mantenerse desatada o desencadenarse frente a eventos específicos.

Los homosexuales podrían ser uno de esos eventos, los detonantes – y el vórtice – del delirio. Freud mostró cómo los niños, en un momento cero, son perversos polimorfos, esto es, su pulsionalidad se encuentra desperdigada en todas direcciones y es con el desarrollo, con la interacción con los adultos, que aparecen los objetos específicos. En términos de lo sexual, el niño aprenderá que le gusta el mismo sexo, o el otro, o ambos. Pero si lo simbólico no se desarrolla, si la implantación del lenguaje falla, esa pulsionalidad retorna como algo externo y aterrorizante. El goce se materializa bajo la forma de los delirios y las alucinaciones. Es lo real hecho evento concreto, hecho realidad apocalíptica.

En esta situación, el individuo se encuentra sujeto a los avatares de la pulsión, la cual aparece proyectada en lo externo. No es que tenga un demonio adentro, es que el demonio se me aparece y me dice que debo matar o matarme. No es que no sepa que hacer con mi pulsión sexual, es que los homosexuales son una plaga que debe ser exterminada.

Acá tenemos entonces, la forma más básica y primitiva de la homofobia: el terror a la propia pulsionalidad proyectado sobre los otros. A las personas estructuradas de este modo, presas de esta posición, las podemos reconocer porque evidencian lo que se llama la certeza psicótica: “saben” de manera plena y absoluta lo que es bueno y lo que es malo, y pueden dar explicaciones articuladas para fundamentarlo pero, atención, esa fundamentación es absurda y mezcla elementos de la realidad que no poseen relación alguna (confunden la gimnasia con la magnesia, podría decirse). Como todo delirio, sus teorías y explicaciones no resisten la prueba de la realidad, por un lado, y por el otro, son impermeables a ella. Además, como su relación con el lenguaje los hace vulnerables a alucinar, los homofóbicos de este grupo pueden llegar a percibir a través de los sentidos cosas que sólo ellos pueden notar. Así, los homofobicos con estructura psicótica están más allá del diálogo, no hay conversación que valga para expandir sus horizontes; viven en un mundo aparte, compuesto de delirios y/o alucinaciones, las formas extremas de la distorsión de la realidad.

El prototipo de esta estructura lo encontramos en los extremistas de cualquier religión, pero sobretodo en algunos pastores evangélicos:

Un pastor evangélico en North Carolina tiene tanto odio y temor hacia los homosexuales que quiere encerrar a todas las personas gays dentro en un gigantesco cerco para frenar su reproducción, que se mueran y evitar así que tengan contacto con el resto del mundo.

De igual modo, pareciera que Benedicto XVI se encuentra en esta posición, al decir estupideces como “el matrimonio gay amenaza a la creación”, una frase que sólo cobra sentido cuando se asume la mitología cristiana y que, por cierto, carece de evidencia, a decir del hecho cierto de que las sociedades que promueven la diversidad son, precisamente, las más pacíficas y estables. Piénsese en Canadá y los países nórdicos, por ejemplo.

En resumen, los homofóbicos en este grupo hacen cuerpo la “voluntad de exterminio”. Como Hitler con los judíos, la homofobia psicótica busca aniquilar a un objeto que se percibe como amenazante y destructivo. Sólo imaginen lo que Benedicto XVI propondría si estuviésemos en la Edad Media.

Por eso se necesita un marco legal claro respecto protección a la diversidad y castigo a los crímenes de odio. Los psicóticos están fuera de la Ley, y por eso debemos crear sociedades con un fuerte marco simbólico que, si bien no puede contenerlos como individuos, puede prevenir y sancionar sus actos. Como recomendación práctica, frente a un psicótico lo que queda es protegerse y crear un entorno que los mantenga a raya. Son ellos los que necesitan un cerco que les impida dar rienda suelta a su locura.

¡AHORA LOS TROLLS HOMOFÓBICOS ESCRIBEN EMAILS!

No me interesa quedarme con este comentario (mucho menos dejarlo pasar). Tampoco me voy a enganchar en ningún tipo de intercambio con su autor. A fin de cuentas, esa la intención del troll; lanzar su veneno y disfrutar si la presa pica.

Entonces ¿cómo salir del predicamento? Creo que, en este caso, haciendo algo útil para la comunidad.

Este correo electrónico que recibí nos recuerda que:

1. La comunicación tiene límites. Con gente obtusa llega un punto en el que, simplemente, no hay diálogo posible: “no necesito contestación, ya que no me van a hacer cambiar de idea”.

2. Por supuesto, cada quien tiene derecho a creer en lo que quiera, aunque vaya en contra del conocimiento establecido e, incluso, contra el principio de realidad: “El homosexual es una aberración de la naturaleza, es una persona defectuosa, es una persona enferma, es algo que va en contra de las Leyes Naturales.

3. Pero como dice el lugar común: la libertad de uno termina donde comienzan los derechos de los demás. Así que he aquí el punto crucial: tenemos que seguir trabajando arduamente para que el pensamiento idiota de gente miserable se mantenga a raya, fuera del ámbito social. Necesitamos marcos legales para acorralar y dejar sin efecto las pretensiones opresivas de pequeños grupos que no saben convivir con la diversidad que caracteriza a la naturaleza, en general, y a los seres humanos en particular.

4. Es ahí donde falla el razonamiento de los conservadores a ultranza: pretenden que todos vivamos de acuerdo a sus designios estrechos; que seamos codependientes de su discapacidad cognitiva y emocional, con su incapacidad para la apertura. Por eso no podemos dejar pasar este tipo de comentarios. Tampoco tenemos que engancharnos en diálogo. Sólo necesitamos tomar nota y actuar en el nivel correspondiente, a saber, el de la arena política y social.

Estimado José Miguel, muchas gracias por el recordatorio.

TUBAZO: EL ESTUDIO “CRUCIAL” QUE AVALA LAS TERAPIAS REPARADORAS CARECE DE FUNDAMENTO

La misma revista que publicó este estudio

Can Some Gay Men and Lesbians Change Their Sexual Orientation? 200 Participants Reporting a Change from Homosexual to Heterosexual Orientation (Archives of Sexual Behavior, October 2003, p.403-417 ),

el cual se usa como supuesto aval científico acerca de la eficacia de las terapias de conversión (o como eufemísticamente le llaman: terapias reparadoras), publicará este mes la siguiente carta, del mismo autor, el Dr. Robert Spitzer:

Hace unos meses les dije que,  a causa de la revisión de mi estudio de 2001 acerca del cambio de orientación sexual mediante terapias reparadoras, estaba considerando escribir algo donde admitiera que ahora considero en gran medida correctas las críticas principales al estudio. Después de discutir esta revisión del estudio con Gabriel Arana, periodista de American Prospect, y con Malcolm Ritter, un escritor científico de la Associated Press, decidí que tenía que hacer público mi pensamiento actual sobre el estudio. Aquí está.

La Pregunta básica de investigación. Desde el principio fue: “¿Puede alguna versión de la terapia reparadora permitir a los individuos cambiar su orientación sexual de homosexual a heterosexual?”. Dándome cuenta que el diseño del estudio hace imposible responder a esta pregunta, sugerí que el estudio podría verse como la respuesta a la pregunta, “¿cómo los individuos sometidos a la terapia reparadora describen los cambios en la orientación sexual?” – una pregunta no muy interesante.

El defecto fatal en el Estudio – No había manera de juzgar la credibilidad de los informes de sujetos acerca del cambio en la orientación sexual. Yo ofrecí varias (poco convincentes) razones por las que era razonable suponer que los informes de los sujetos acerca del cambio eran creíbles y no autoengaños o mentira pura y simple. Pero el hecho cierto es que no había manera de determinar si los testimonios de los sujetos acerca del cambio eran válidos.

Creo que le debo una disculpa a la comunidad gay por mi estudio, el cual hace afirmaciones no comprobadas acerca de la eficacia de la terapia reparadora. También pido disculpas a cualquier persona gay que haya perdido tiempo y energía sometiéndose a algún tipo de terapia reparadora, al creer que yo había demostrado que dichas terapias funcionaban con algunos “individuos altamente motivados”.

Robert Spitzer. Doctor de Medicina
Profesor Emérito de Psiquiatría,
Universidad de Columbia

Esto es lo que se llama un tubazo. “Un gigante de la psiquiatría lamenta haber apoyado las “curas” gays”, reseña el New York Times, en un reportaje que detalla todos los vericuetos asociados a lo que es, en definitiva, el lado político del ejercicio de la psiquiatría.

Desde acá aplaudimos la honestidad intelectual del Dr. Spitzer, quien ha tenido la honorabilidad de colocar la evidencia por encima de los preconceptos y las agendas ocultas (a diferencia de todos aquellos que se obstinan por encontrar justificación a lo injustificable).

Queda de nuestra parte hacer uso de esta información en las instancias en las que nos sea apropiado. Como profesionales de la salud mental, clarificando a los clientes/pacientes acerca de las implicaciones de este hallazgo (v.g. la terapia debe orientarse a clarificar, no a imponer una orientación sexual, tanto como a fortalecer al individuo, independientemente de su orientación sexual); como educadores, transmitiendo los hechos acerca de la incapacidad para modificar la orientación sexual mediante algún procedimiento, a la vez que alertando sobre los daños psicológicos de las terapias de conversión (o, eufemísticamente, reparadoras). Finalmente, como activistas, usando esta gran noticia como otra de las armas de batalla para seguir conquistando los derechos que aún se nos siguen negando.

Para cerrar esta nota, sólo me queda recordar que esta noticia viene en seguidilla con la ratificación de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), hecha a través del posicionamiento técnico de esta agencia, el pasado 17 de Mayo, el cual sirve de contexto a todo este asunto:

“Ya que la homosexualidad no es un trastorno o enfermedad, no requiere cura. En consecuencia, no existe indicación médica para el cambio de orientación sexual”, observó la Directora de la OPS, doctora Mirta Roses Periago. Añadió que las prácticas conocidas como “terapias reparativas” o “de reconversión”, representan “una grave amenaza para la salud y el bienestar, inclusive la vida, de las personas afectadas”.

UNA DEUDA PENDIENTE DE LOS PROFESIONALES PSI

Evelyn Hooker (1907-1996), una de las primeras psicólogas en mostrar el sesgo de los profesionales de la salud mental a la hora de evaluar a los homosexuales

Mañana se celebra el Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia. Su origen se remonta al año 2003, cuando la Fondation Émergence (Fundación Emergencia) inició la celebración en la provincia de Quebec, Canadá. Con la participación de otros actores, este día nacional se extendió a Francia y a Bélgica, siendo hoy en día una iniciativa internacional.

El 17 de Mayo es una fecha simbólica, pues ese día, en 1990, la Organización Mundial de la Salud descontinuó el uso de la etiqueta ‘homosexualidad’ como enfermedad mental. De allí que se haya elegido este día.

Por cierto, ya en 1973 se había removido esta etiqueta del DSM, el manual diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría. De manera que, en la actualidad, es simplemente anacrónico (y carente de sustento) el pretender que la homosexualidad sea un trastorno de la conducta, emocional o mental. La evidencia empírica, simplemente, no lo sustenta. Así lo reconocen las organizaciones de la salud mental más importantes del mundo. Dichas asociaciones gremiales, reconociendo la existencia de la opresión hacia los gays (y las lesbianas, los bisexuales y los transexuales), han hecho declaraciones explícitas donde se aclara la normalidad de las variantes sexuales tanto como se rechaza el uso de las terapias de conversión (esos procedimientos que mezclan religión y psicología barata en un intento por modificar la orientación sexual).

En Venezuela, debido al peso de la homofobia en la cultura, no ha sido posible que las asociaciones de la salud mental se pronuncien de manera explícita en contra de la homofobia o, por lo menos, la patologización (absurda y prejuiciosa) de la diversidad sexual. Ha existido, al menos, una petición acerca de este pronunciamiento, a propósito de la celebración día Internacional de la Lucha contra la Homofobia en el año 2009.

Dicha sea la verdad, los profesionales de la salud mental se escudan en el silencio, tanto en el plano gremial como en el individual, para ahorrarse el roce incómodo con una sociedad que valora negativamente a la diversidad sexual. Así pues, nos encontramos por un lado, con psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas que aún identificándose como parte del colectivo LGBT temen salir del closet, por temor al ostracismo y el aislamiento profesional (este hecho es particularmente cierto en algunos de los centros de formación psicoanalítica tradicional donde se les cierra el paso etiquetándolos, anacrónicamente, como ‘perversos’) . En el otro extremo se encuentran los psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas que, anteponiendo sus creencias personales al estado del arte de su disciplina, emiten enunciados patologizantes de la diversidad sexual que no pasan de ser opiniones personales disfrazadas de profesionales; un lobo con piel de cordero.

Entre ambos extremos, nos encontramos con el grueso de profesionales de la salud mental, quienes carecen del entrenamiento específico para tener una opinión fundamentada de lo que es la diversidad sexual como fenómeno humano. La estridencia de esta ignorancia llega incluso a muchos sexólogos quienes confundiendo peras y manzanas llegan a decir “no es una enfermedad pero se puede desaprender/curar”. Los manejos adecuados, entonces, surgen como iniciativas personales, basadas más que todo en la apertura mental de algunos profesionales quienes, en comparación con el colectivo, representan una minoría.

Mañana se celebra el Día Internacional de la Lucha contra la Homofobia. Es un buen día para recordar que en en el mundo en general, y en Venezuela en partícular, aún queda mucho por hacer.

MISS VENEZUELA: ESTÉTICA TRANFOR Y TRANSFOBIA

Aclaremos un par de términos antes de descargarnos a la Osmel.

  • Tranfor: venezolanismo peyorativo para a referirse a las mujeres transgéneros que, como consecuencia de la discriminación, ejercen como trabajadoras sexuales en las calles (v.g. los tranfor de la libertador). Por extensión (léase ignorancia) se aplica a todo hombre que se vista de mujer, omitiendo la razón por la cual se trasviste (para representar a una cantante femenina – artistas fonomímicos-, para excitarse sexualmente – transvestis fetichistas-, o como expresión de culto a personajes del manga o animé – cosplay, entre muchas otras razones).
  • Transfobia: la actitud negativa o prejuicio del que surge el rechazo y la discriminación hacia las personas transgéneros, aquellos individuos cuya identidad de género es discordante con el sexo genital.

SE PERDIERON ESOS REALES

Y de pronto, como cuando se rasga un almohadón de plumas, la ignorancia transfóbica de Osmel Sousa sale a la luz. Puede que sepa mucho de la estética drag; puede que, a través de su concurso, haya logrado imponer esos códigos de showcera a la mujer venezolana, creando la tiranía de las lolas postizas, la bemba explotá’ y las cejas estiradas al punto de casi tocar la línea del cabello (bien batido, por supuesto).

Pero no nos confundamos. Que el Miss Venezuela sea una oda al exceso kitsch que caracteriza a las Drag Queens; que ese montón de lentejuelas y escarcha sea culto para la comunidad gay, no significa que “El Magno Evento de la Belleza”, como se le llama al circo, sea un espacio abierto a la diversidad sexual. De hecho la desconoce, y repite el mismo doble discurso que observamos a lo largo y ancho de la sociedad venezolana. Déjalos que sospechen, que murmuren… pero que nunca sepan… Así parece circular la obviedad de lo gay – del concurso, de Osmel-, la cual queda opacada como el traje nuevo del emperador en aquel cuento famoso de Andersen.

De manera que, con su pelo bien teñido, sus cejas bien sacadas y probablemente con botox y uno que otro implante en la cara, Osmel nos dice que la participación de transgéneros no ocurrirá en el país, al menos en el corto plazo.

DERECHOS LGBT FOR DUMMIES (O LO QUE OSMEL NO SABE)

Lo que más resalta de esta declaración – bastante predecible, por cierto- son las razones esgrimidas.

Así,

“Eso fue un permiso que se dio Canadá por su modo de vida”

¿Pero de qué hablas? ¿Un permiso? ¿Qué clase de burrada estás diciendo? Canadá se precia del respeto a los derechos humanos. Es, podría decirse, la característica central que estructura su sociedad. De manera que no es un permiso; es la consecuencia de tener los derechos LGBT más avanzados de las Américas. Vamos por partes, para que se entienda. Primero que todo, en Canadá está prohibido, por ley, discriminar a los transgéneros – antes, durante o después de su tránsito hacia la identidad de género sentida.

Segundo, la identidad de género sentida (distinto del sexo genital) es reconocida como la identidad sexual de la persona. Así, puede que haya nacido con un pene; pero si su identidad de género es de mujer, pues es mujer; mujer transgénero, para más señas. En resumen, la inclusión de transgéneros a la sociedad sigue su curso, incluyendo a los concursos de belleza. (Por cierto loca, ¿te das cuenta que con tu comentario eres cómplice de la sociedad que condena a las transgéneros al trabajo sexual? Te informo que no lo hacen por gusto. Así como tú les cierras las puertas, se las cierran los empleadores, el colegio y, por supuesto, la familia, al negarles el apoyo que tanto necesitan).

Con esto podemos abordar la segunda burrada:

“Me parece una falta de respeto con la mujer venezolana”

Con esta frasecita, la Osmel no hace sino reforzar los mitos acerca de las mujeres transgéneros (y la posición subordinada de las mujeres, quienes se someten a las operaciones “requeridas” para alcanzar el estandar de la belleza tranfor). Osmel obvia que las mujeres transgéneros son tan mujeres como las que tienen vagina (de hecho algunas hasta tienen vagina). No es posible creer que Osmel no sepa que las mujeres transgéneros son muy distintas de las Drag Queens (¿será por eso que no las acepta, porque traerían un poco de glamour comedido al exceso de su concurso?)

Ahora la guinda de la torta:

“Si se aceptara (a una mujer transgénero), tendría que aceptar a una mujer en el Mr. Venezuela”

Honestamente creo que el exceso de laca ha surtido su efecto neurotóxico en Osmel. El pobre no distingue entre sexo genital, género e identidad sexual. Lo cual puede explicar por qué las mujeres del Miss Venezuela parecen tranfors y por qué el Mister Venezuela no es un concurso para hombres heterosexuales. Una dicotomía que en apariencia esencializa al género (v.g. sólo hay dos sexos, hombres con pene y mujeres con vagina) pero que es, en definitiva, la fachada que esconde los vericuetos de la sexualidad humana (¡no, pene y vagina no son complementarios!).

MI POBRE VENEZUELA

Sólo en algo parece tener razón Osmel:

“La sociedad venezolana es muy sencilla y cristiana”

Sí, tan sencilla y cristiana como él; mantilla blanca sobre la cabeza y gesto compungido mientras se come la hostia de la hipocresía. Esa es la misma fachada que esconde la oscuridad que llevamos por dentro y que se le sale a los hombres (bien casados y heterosexuales) cada vez que van a un baño público y chancean con el que está en el urinario de al lado; el mismo doble discurso; la misma pacatería hipócrita.

No se aceptarán mujeres transgéneros en el Miss Venezuela y la razón es simple: es un concurso para que las mujeres se conviertan en tranfors.

NICOLÁS MADURO: NO SOLO HOMOFOBO SINO ADEMÁS PUSILÁNIME

Ahora dizque te disculpaste. Sin embargo lo que dijiste está a la vista de todos. Tu comunicación fue bastante clara y no se presta a malentendidos. ¿Hay acaso “manipulación de palabras” en el siguiente video?

Además, la tradición de usar la orientación homosexual como insulto es un clásico en la política venezolana. De hecho, sale con mucha facilidad de otras boquitas del PSUV, y contra Capriles específicamente.

De manera que tu disculpa llega como un peo rancio, como ráfaga de aire maloliente:

“Le pido disculpas, si alguien se sintió agredido por una expresión que tenía otra connotación, me disculpo. No me metería con Capriles Radonski, ni con su condición sexual, ni con la de nadie”

  • “Si alguien se sintió agredido”
  • “tenía otra connotación”
  • “no me metería con Capriles Radonsky”
  • “ni con su condición sexual, ni con la de nadie”

¿Acaso es una tara genética que impide asumir las responsabilidades, o estamos ante un vulgar caso de mala fe? ¿No es más productivo asumir que tienes un problema, que efectivamente el machismo es una plaga, especialmente entre las filas “revolucionarias” y que tú, como buen venezolano, prestas tu cuerpo a los discursos homófobos? No, eso no es de machos. Macho que se respeta no reflexiona sobre las conductas opresivas. Macho que se respeta muere parado, aunque sea a costa de una disculpa zonza que subestima al agraviado. Y así, de nuevo, la puesta en escena de la dicotomía macho-mami, esa que estructura la típica relación de pareja venezolana: “mami no, no es lo que parece… bueno sí, pero fue un momento de debilidad discúlpame, mi corazón es tuyo… no lo vuelvo a hacer”.

En este sentido, y casi como al calco dices:

“Lo que dije en ese momento fue al calor de los recuerdos y toda la pasión que se genera…”

¡Eres un pusilánime! Puede que los gays “revolucionarios”, a quienes las fe mantiene como esposas abusadas (v.g. “aunque me agreda me quiere”), se contenten. Yo, por mi parte, espero que el resto del colectivo LGBT mantenga en la mira el hecho de que aún no has reparado el daño. Eres responsable de tus palabras, aunque salgas por el telepúlpito pregonando lo contrario.

“Ellos saben que siempre los respetamos”. No, no lo sabemos. Sabemos que no sabes construir superlativos (¿qué es eso de “mariconsones”, en todo caso? ¿marico + mariposones?). Sabemos que eres un pusilánime que, confrontado con los hechos, culipandeas, retorciéndote en la silla mientras explicas que no dijiste lo que todos te escuchamos decir.

Si de verdad nos respetas, no nos subestimes y haz algo concreto para reivindicar los derechos civiles de la comunidad LGBT.