Es irónico que queramos cambiar el  mundo pero no podamos cambiarnos a nosotros mismos

NUESTRO MAYOR DESAFÍO

vihEl VIH/SIDA nos obliga a repensarnos. Como tiene que ver con  la sexualidad, con lo que la gente hace con su cuerpo, es un reto a la imagen que tenemos acerca de como deben ser las cosas. Nos gusta vivir en la fantasía, pensar que un hombre se casa con una mujer, que solo tienen sexo para reproducirse y que ambos viven felices hasta que la muerte los separa. La presencia de la infección por VIH es como una gran cachetada que nos despierta de ese cuento de hadas.

  • Los adolescentes están teniendo sexo desprotegido -¡plaf!-
  • Son raros los que llegan vírgenes al matrimonio -¡plaf!-
  • Muchos hombres tienen sexo con otros hombres -¡plaf!-
  • No todas las parejas son cerradas -¡plaf!-
  • El condón funciona y por eso hay que promoverlo -¡plaf!-
  • El VIH esta entre nosotros y, cada día, se convierte en lo cotidiano para muchos -¡plaf!-

Es tal el horror a la realidad, a como han cambiado las cosas desde los años cincuenta, que muchos optan por la negación, por no querer ver, no confrontarse con los hechos y asumirlos. Las nuevas generaciones tienen un manejo mas relajado de la sexualidad y las generaciones que les preceden, dentro de los que se encuentran nuestros dirigentes, parecen o no darse cuenta o no aceptar esto. Así se arma el entramado de un juego mortal; se ponen en jaque nuestras prácticas usuales -la doble moral, el silencio en torno al sexo. En vez de actualizarnos, de desechar esa imagen desfasada del mundo, insistimos en tratar de embutir a los demás en esas ideas limitadas que tenemos. Es una “crisis de valores”, gritan las voces agoreras, queriendo decir que los humanos no nos comportamos como a ellos les enseñaron que debemos comportarnos.

¡Claro que debemos insistir en la abstinencia! Que levanten la mano los que van a renunciar al sexo. Decimos la primera oración, pero nos callamos antes de continuar con la segunda porque ya tenemos la mejilla demasiado hinchada. Entonces seguimos con el tema de la abstinencia y viendo a los seropositivos como creadores de su propia desgracia, como si no fueran como el resto de los mortales. “Si lo tienen, algo habrán hecho” pensamos para nuestros adentros y, quizás, comentándole a las personas cercanas (pero no a viva voz porque no queremos que piensen que somos crueles).

Es curioso que un gobierno que critica tanto al individualismo no hable de los condicionantes socioculturales de la salud, que se haya preocupado de tener control sobre todo, pero no tener bajo control este aspecto crucial.

  • Podemos tener una lista de opositores para discriminarlos, pero no un registro epidemiológico para conocer la prevalencia de la infección y, así, tener un medio para desarrollar una estrategia de prevención efectiva (tal y como se ha hecho en países con menos recursos que los nuestros).
  • Podemos aceptar asesoría técnica militar de los rusos, pero el apoyo de ONUSIDA y la Organización Panamericana de la Salud para establecer una red de vigilancia epidemiológica y de consejería no pasa de un intento que el gobierno no termina de implementar.
  • El personal que coordina el Programa Nacional de SIDA/ITS puede contarse con los dedos de una mano y nos sobra uno; solo cuatro personas, desconectadas del resto del sistema burocrático y administrativo, tienen la responsabilidad de solventar todas nuestras fallas en cuanto a SIDA se refiere. Si tan solo contaramos con un buen sistema de auditoría o rendición de cuentas, nos enteraríamos que los componentes del mencionado programa, son solo letras en una página web.
  • Podemos establecer una agresiva política internacional invirtiendo en armas, regalando petróleo, haciendo hospitales en otros países, financiando programas, grupos y personas en el exterior, pero el Programa Nacional de SIDA/ITS solo tiene capacidad para distribuir medicamentos que llegan al 17% -25.000 personas- del estimado de personas viviendo con VIH –entre 130.000 y 150.000. La lógica del programa parece estar montada sobre la idea de dar cada vez mas antiretrovirales, descuidando la prevención primaria, que es insuperable como estrategia, así como el apoyo psicosocial que complementa a la medicación y que resulta crucial para manejar esta condición de salud.
  • Podemos empapelar el país entero con referendos y comicios que parecen elecciones presidenciales de un único candidato, pero las Organizaciones No Gubernamentales, las únicas que están supliendo la necesidad de prevención primaria y apoyo psicosocial en torno al VIH/SIDA, carecen de financiamiento y dependen, casi exclusivamente, de lo que pueden conseguir por sus propios medios, ya  que hay una profunda desconexión entre su trabajo y una estrategia nacional de prevención. De hecho no existe tal cosa como una Estrategia Nacional de Prevención. La única que parece emerger es, dicha en criollo, “como vaya viniendo vamos viendo”; mientras mas infectados existan mas anti-retrovirales distribuiremos, y ya. Es todo lo contrario de una aproximación hecha desde una perspectiva de Salud Pública.

Nuestros estimados de pobreza, inequidad de género, trabajo informal y comercio sexual, junto a todo lo mencionado anteriormente, hacen pensar que estamos ante una epidemia que crece y crece, rápida y silenciosamente. Frente a esto, no se ven indicadores de voluntad política para emprender acciones eficaces. Estamos muy ocupados tratando de trastocar la geopolítica mundial; vemos el mundo y el futuro, pero somos incapaces de reconocer nuestro entorno inmediato. La población será roja, rojita (y seropositiva al VIH, según parece).

Nada mas paradójico que ser la quinta potencia petrolera del mundo, tener una economía que sigue creciendo y, a la vez, tener tan lamentable sistema de salud. Ya solo por eso, porque la prevención quedó en nuestras manos, deberíamos desafiar nuestras creencias (falsas) sobre el VIH y las referidas a las personas viviendo con el virus. Deberíamos de una vez por todas asimilar que:

  • Toda persona sexualmente activa está en riesgo y
  • cada persona con VIH es como cualquier otra.

Sin embargo, como pensamos que la infección es algo que no nos pasa a nosotros, no tenemos el incentivo para cambiar nuestras actitudes y, sobretodo, nuestra conducta, para ajustarla a los esquemas del sexo mas seguro. Por el peso de estas creencias, luego una persona recibe el diagnóstico y piensa que ya no le queda mucho y que es una mala persona, cuando la realidad es que es una condición crónica que puede manejarse y que no tienen nada que ver con su valía ni su identidad. De hecho, hay condiciones crónicas mas complicadas, solo que ninguna toca “eso”, lo que hacemos y lo que dejamos de hacer en la cama. El VIH nos desenmascara como sociedad.

En un país tan políticamente retorcido, donde los hechos se tienden a medir con el rasero barato de “estas a favor o en contra de la revolución”, solo me resta puntualizar algo. Es el Estado venezolano el que carece de una infraestructura para hacer frente a la epidemia de VIH y este gobierno, igual que los anteriores, no ha solventado esta falla. De manera que, para variar, la crítica acá apunta no a ninguna idelogía -pues todas sirven de opio para el pueblo-, sino al evento concreto de resolver un problema de salud pública y promover el bienestar de TODOS los venezolanos.

Mientras el Estado -en manos de este gobierno- no cumpla con su obligación de hacer Prevención , a nosotros no nos queda sino ser el cambio que queremos ver. En este punto, abrirnos a la diferencia y la inclusividad resultan piezas clave. Las mismas creencias que causan la homofobia se encuentran implicadas en el avance de la infección por VIH. Asi que, desde mi punto de vista, no queda de otra, hay que luchar contra la homofobia.

Para saber más:

DISCRIMINACIÓN LABORAL Y VIH: UN ANÁLISIS DESDE EL FRENTE (artículo de trabajo que documenta los desafíos de las personas que viven con el VIH en el ámbito laboral).


Última actualización: Enero 17, 2009

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vih-22Cuando, en uno de los cursos de postgrado me sugirieron que investigara la geopolítica del VIH/SIDA, nunca imaginé que terminaría de lleno en el área. La información que fui encontrando fué tan fascinante, que esa monografia terminó siendo un trabajo extenso. Producto de esa experiencia comencé a escribir sobre el tema y, gracias a ello, me dieron una beca para capacitarme en el manejo de las diversas problemáticas relacionadas con el VIH y el SIDA. Terminado el entrenamiento, Acción Solidaria me dio la oportunidad de trabajar “en el frente” con individuos y grupos, haciendo prevención secundaria (con comunidades vulnerables) y terciaria (poz prevention -prevención con personas viviendo con el VIH). Producto de la experticia pude involucrarme, tangencialmente, con los procesos de toma de decisiones (prevención primaria); conocí, de primera mano, la incapacidad del Estado Venezolano para hacer frente a la epidemia y la falta de voluntad política del gobierno para solventar esta falla.

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